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Estos escritos forman parte de un ensayo de Francisco Calvo Serraller para el catálogo de la exposición de la Hermandad Pictórica Ante Diem en la Sala Luzán de Zaragoza en 1989.


LO QUE ELLA PARECE SI SONRIE

“Hay varias maneras de pintar paisajes –afirma el sabio Shan Shui Hsün-. Pueden extenderse en grandes composiciones y, sin embargo, no contener nada superfluo: Pueden estar condensados en una escena pequeña, pero sin faltarles nada”. Este llameante atardecer, dramáticamente pleno de resplandores, contiene dos maneras definidas por el pintor chino: vasto, majestuoso y solemne escenario crepuscular, estructurado en planos horizontales, cuyo perfil está subrayado diferentemente por la incidencia distinta de los fulgores a contraluz, y, aparición, descentrada y minúscula, pero vigorosamente llamativa, de los dos únicos puntos  verticales, en forma de dos árboles juntos, una palmera y un ciprés, motivo éste constante en los cuadros de Vicente Pascual Rodrigo, Norte y Sur, Vida y Muerte, imaginariamente contiguos, casi abrazados en mágicas horas vesperales, contemplan el Mundo. ¿Cómo no recordar los hermosos versos de Herne, “Ein Fichtenbaum Steht Einsam...”?


“Solitario en el Norte se alza un pino
sobre arrecida altura, soñoliento;
con su manto blanquísimo le embozan
nieves y hielos.
Con una palmerasueña, que al Oriente,
solitaria también, y lejos, lejos,
padece silenciosa, entre peñascos
que brotan fuego”.

 

 

Lo que ella parece si sonríe, 1988
Oleo sobre tela, 33 x 100 cm.
Colección particular
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UNOS AÑOS MAS TARDE

Una embocadura fluvial cuyo punto de fuga se cierra en el horizonte: un marco para encuadrar reflejos. Son los del cielo en el agua, pero las nubes se desparraman como corrientes que avanzan por un océano celeste. Entre resplandores se celebran las nupcias entre el cielo y la tierra, que se miran como en un espejo. Mágico momento en que agua y cielo tienen un mismo color y la misma orografía, unidos como están por la misma fuente luminosa. Todo aquí está quieto y en fuga, idéntico y cambiante, próximo e inalcanzable. Todo fluye con orden. Son los reflejos los que provocan la melancolía del contemplador, que observa y siente la temporalidad de la luz como un bello final irreversible. Mas, “no temáis ya: el crepúsculo florece para los que aman, para los afligidos y nos sumerge en el seno del Padre”.




 

Unos años más tarde, 1988
Oleo sobre tela, 130 x 204 cm.
Colección particular
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EN LA ORILLA

Tiene esta orilla las trazas de las estampas japonesas, con la floresta y el árbol haciendo barrera ante el abismo. Cada uno de los sutiles tallos se abren con un minucioso ritmo contrapuesto de desordenada simetría, siguiendo esa ley donde el azar teje sus secretas mallas, estética generalizada. Esta orilla, con sus rocas esparcidas, es un jardín zen, donde el sabio se retira apaciblemente a pensar al borde mismo del abismo,agua que se eleva hasta el cielo, orden impenetrable. La fragilidad de esta alfombra vegetal arropa líricamente estas rocas, que han visto florecer incontables primaveras.

 


En la orilla, 1988. Oleo sobre tela
130 x 200 cm.
Colección particular
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ES NITIDO EL REFLEJO EN EL AGUA SERENA

Es nítido y dorado el reflejo. Las aguas claras, las aguas primaverales, que tan bellas consideraciones han suscitado a Gaston Bachelard, son aguas cálidas. En ellas debió contemplarse, arrobado, Narciso, pero también en ellas se contempla el mundo. Comentando a este respecto la frase de Joachim Gasquet –“ El mundo es un inmenso narciso que se está pensando”-, G. Bachelard afirma: “¿Dónde se pensaría mejor que ante sus imágenes? En el cristal de las fuentes, un gesto turba las imágenes, un reposo las restituye. El mundo reflejado es la conquista de la calma. Soberbia creación que sólo pide la inacción que sólo pide una actitud soñadora, en la que veremos dibujarse el mundo tanto mejor cuanto más largo tiempo soñemos inmóviles. Un narcisismo cósmico... prolonga, pues, naturalmente, el narcisismo egoísta. Soy hermoso porque la naturaleza es hermosa, la naturaleza es hermosa porque soy hermoso. Tal es el diálogo sin fin entre la imaginación creadora y sus modelos naturales. El narcisismo generalizado transforma a todos los seres en flores y da a todas las flores la conciencia de su belleza. Todas las flores se anarcisan y para ellas el instrumento maravilloso del narcisismo es el agua”.

Es nítido el reflejo en el agua serena, 1988
Oleo sobre tela, 195 x 81cm.
Colección particular


 

Francisco Calvo Serraller (Madrid, 1948) es catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ha sido comisario de numerosas exposiciones y director del Museo del Prado. Es crítico de arte en distintos medios. Ha publicado ensayos como España, medio siglo de arte de vanguardia (1985), El arte visto por los artistas (1987), Vanguardia y tradición en el arte español contemporáneo (1989), La novela del artista (1991), Enciclopedia del arte español contemporáneo (1992), La imagen romántica de España. Arte y arquitectura del siglo XIX (1995), Columnario. Reflexiones de un crítico de arte (1998), Libertad de exposición. Una historia del arte diferente (2000) y El arte contemporáneo (Taurus, 2001).

 


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