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CRÍTICA HERALDO
DE ARAGON /
Artes & Letras, 4 de Diciembre de 2003 ZARAGOZA.- Rigurosas propuestas que se alzan hasta el símbolo de Vicente Pascual Sólo el ahora existe. Pronto será mañana,
que aún no es, salvo quizás en la esperanza o el deseo.
Mientras que ayer ya ha sido, no vive salvo en el recuerdo. Quizás
no existe ni siquiera el ahora que parecemos poseer, siempre fugaz y solitario. Vicente Pascual nos habla de “Consonantia et Adecuatio”, Imago Mundi” o “In illo Tempore”. En sus ajustadas visualizaciones creo entender que implican un tropo sustitutivo o de semejanza –metáfora-, al tiempo que otro predicativo o de relación –metonimia-. Su poética pertenece al primer tipo; su desarrollo material, al segundo.
Lo que Vicente trae a Pepe Rebollo continúa lo que vimos en Montemuzo, por ejemplo. Viene desde aquel agudo interés por los trabajos amerindios y de la estepa asiática. Y culmina con una rigurosa serie de círculos, cuadrados o rectángulos sobre campos que por su colorido y textura evocan la tierra, incluso en sus vetas verdeantes. Pienso que esas calidades lo sitúan, una vez más, a caballo entre lo concreto y externo y lo personal o interior. Claro que el alma y lo visible marchan juntos, como lo particular y lo universal. La geometría simbólica (círculo-sol o cielo o espíritu, cuadrado-tierra o razón o formalismo) encarna valores de amplia y generalizada validez. Ya Kandinsky pensaba para ella en un rango científico. Pero todos los grandes símbolos son polisémicos o, cuando menos, bipolares. Y la forma y el contenido constituyen caras inseparables de la misma moneda, según confirma la muy seria presencia de Vicente Pascual. Angel Azpeitia
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