CRÍTICA

Vicente Pascual expone sus obras pictóricas en el Museo de Huesca


J.L. ARA OLIVÁN

DIARIO DEL ALTO ARAGON / Cultura, 25 de Junio de 2003


HUESCA.- La Sala de Doña Petronila del Museo de Huesca acoge las obras del artista Vicente Pascual, que corresponden a la colección "In Illo tempore" y que titula "Speculum animae".

La geometría más simple y significativa, el círculo y el cuadrado, son referencias suficientes para que Vicente Pascual nos adentre en el tiempo y en el espacio, en el arriba y abajo, en el Ying y el Yang, en esa especie de mandalas que son estos cuadros, como si en su propia elaboración se escondiera todo un rito ancestral y religioso, toda una ceremonia litúrgica.

Hay orden y misterio en estas realizaciones. Pero orden y misterio logrados por limpios medios pictóricos. No es la anécdota lo que más interesa, no es el símbolo lo que, en un momento dado, nos subyuga. Es el latir de la pintura, es su entidad plástica, la que con sus viejas resonancias da ser a las múltiples situaciones que quedan explicitadas ante nuestros ojos.

Las rectas y las curvas se proyectan mas allá del mero contorno de sí mismas. Se prolongan en cielos y llanuras subjetivos. Dictan así su ley. Una ley querida por el pintor que la obedece. Los espacios vacíos se pueblan de sombras y de luces; el objeto nace entre ellas. La geometría, estrechamente vinculada al todo, hierática, asiste y participa, se hace protagonista.

Conjuga Pascual la cromática sabiamente medida. La entonación de cada obra es tanta, tal la coherencia entre las distintas zonas y planos, que cuesta trabajo darse cuenta del gran número de tonos que en cada cuadro se engarzan y potencian, se conjugan y conviven.

También el símbolo es el resultado de una serie de elementos, de silencios y vacíos, incluso cósmicos, de mutación y transmutación; con la energía siempre al fondo, latente y presente, dormida, protagonista también.

Se muestra claramente en esta exposición la solidez que caracteriza a la pintura de Vicente Pascual, que nos evoca la atmósfera del mural. Sus figuras geométricas, tensas, inertes, alcanzan cierta solidez escultórica. Ello hace que lo estrictamente pictórico, composición, línea, color, así como cualquier tipo de materia, queden supeditados a lo que el artista quiere decir de una manera rotunda, por lo que su arte y la técnica que utiliza son únicamente medios de un gran fin.

Por ello, este artista, alcanza un tono de intemporal atmósfera que no está en contradicción con su evidente modernidad.

En el centro de la Sala, una losa de mármol de 70 centímetros de diámetro, procedente de la Catedral de la Seo de Zaragoza, asiste silenciosa a todo el acontecimiento.


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