CRÍTICA

Vicente Pascual en el Museo de Huesca


JUAN IGNACIO BERNUES SANZ

EL ARAGONES / Cultura, Junio de 2003

En el antiguo Palacio de los Reyes de Aragón (Museo de Huesca), el artista zaragozano Vicente Pascual expone un conjunto unitario de obras pertenecientes a su última producción, caracterizadas por un impactante simbolismo. El marco no puede ser más adecuado para una obra tan despojada y espiritual como la suya: la propuesta plástica de Pascual, compuesta por una veintena de pinturas que interactúan a modo de instalación con el bello entorno arquitectónico románico, de gran carga evocativa, donde se exponen, parece susurrarnos ancestrales palabras que impregnan el espacio de misticismo y despiertan en nosotros resonancias de lo trascendente, haciendo obvia la banalidad y la efímera transitoriedad del mundo de lo sensible que nos rodea.

Partiendo de una concepción más oriental que occidental de la naturaleza, la obra de Vicente Pascual ha ido evolucionando en la representación de ésta de forma muy coherente, en términos de una creciente simplificación y esencialidad, hasta culminar en esta última serie de profundo ascetismo-con título “Círculos” e “Imago Mundi”- que ahora nos muestra. Aquellas visiones más o menos líricas de la naturaleza, características de sus etapas anteriores, compartidas primero con su hermano Ángel en la “Hermandad Pictórica Aragonesa” y posteriormente en solitario, han ido desprendiéndose de todo elemento accesorio para derivar en una representación desnuda y arquetípica de la realidad que halla en el uso ortodoxo de determinados símbolos universales, en el equilibrio y en la sobriedad extrema de los elementos pictóricos, un medio idóneo para la expresión de ciertos conceptos que, como señalara Jung “sólo son accesibles de alguna manera a la inteligencia humana a través del símbolo”. Conceptos hondamente filosóficos como el de totalidad y vacío absoluto, o el de unidad y multiplicidad, que Pascual nos hace de alguna manera comprensibles a través de un vocabulario de formas simbólicas elementales y ancestrales-círculos, cuadrados y otros símbolos aceptados como sagrados por todas las culturas y en todos los tiempos- construyendo una imagen trascendente del mundo, cuya visión nos permite también intuir la dimensión superior y más significativa de nosotros mismos.

Se recomienda encarecidamente la visita a esta exposición que, sin duda, puede aportar al espectador una experiencia estética inolvidable, una sensación de paz y un encuentro con uno mismo difíciles ya de experimentar por otros medios en nuestro complicado, disociado y en tantos aspectos absurdo mundo contemporáneo; vivencias todas ellas impagables en medio de tanto estress cotidiano, de tanta agresividad gratuita, de esta ola de superficialidad y vulgaridad que desde hace ya tiempo parece invadirnos. Hasta el próximo día 14 de julio.


VICENTE PASCUAL BIBLIOGRAFIA

Copyright "El Aragonés", 2003.