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JULIÁN
GÁLLEGO "La Hermandad Pictórica
y las Nuevas Tendencias de la Pintura Figurativa."
Trascripción de una conferencia en la galería S'Art
de Huesca en noviembre de 1982.
Segunda
parte |
ver
primera parte
Tras analizar la situación de la pintura figurativa con relación
a los diversos movimientos plásticos
del siglo XX, y establecer la Hermandad Pictórica en este
marco, Julián Gállego siguió:
...
/ ... Dentro de todas estas variadas tendencias a que aquí
me he referido, pues el título de la conferencia es "La
Hermandad Pictórica" en las nuevas tendencias de
pintura figurativa", nos encontramos con esta Hermandad como
una especie de "nuevo simbolismo" con referencias a la
vez orientales y occidentales.
La Hermandad Pictórica,
como todos ustedes saben, está formada por dos hermanos que
se llaman Ángel
Pascual Rodrigo, nacido en Mallén en 1951, y Vicente
Pascual Rodrigo, nacido en Zaragoza cuatro años más
tarde. Ángel comienza trabajando en publicidad, mientras
Vicente empieza a estudiar Bellas Artes un poco "por correspondencia"
y las abandona porque termina, como a muchos les pasa, perdiendo
la fe en sus profesores. Entonces, a partir de 1970, se ganan la
vida, y hacen su primera experiencia artística, a través
de una especie de carteles, de "posters", sin publicidad
que hacen juntos, colaborando de una manera bastante curiosa porque
realmente este tipo de colaboraciones es casi medieval, es algo
que en nuestro tiempo había desaparecido casi completamente.
Con una autoconciencia crítica que les hace a veces casi
desesperantes, porque están estudiándose permanentemente
de una manera introspectiva, se preguntan si lo que están
haciendo en cada momento es justo lo que han de hacer, si la tendencia
que han asumido es la buena, si lo que están haciendo es
realmente serio, con una exigencia verdaderamente tremenda. Parecen
evitar lo instintivo, parecen pensar como Leonardo que la pintura
es una cosa mental. Ángel, gracias a Vicente va hacia un
concepto más pictórica, más profundo, saliendo
de sus resabios de la Escuela de Publicidad, mientras que Vicente,
gracias a Ángel, deja la posición de artista incomprendido
para tratar de realizar una obra. Por esa misma exigente modestia
rechazan el óleo que encuentran demasiado rico para empezar,
encuentran que, como aprendices, no son merecedores de empezar con
el óleo y, como un principiante de un conservatorio de música
diría: no, yo no puedo empezar con el órgano, es demasiado
fuerte para mí; empiezan con el temple hasta hacerse dignos
del óleo. Técnicas planas, técnicas hasta cierto
punto semejantes a las de cartel, sobre lienzo, con una busqueda
de novedad que tiene éxito, que les resultan fáciles,
y esto les hace desconfiar inmediatamente de sí mismos. En
ese momento, que es hasta cierto punto el del "hiper"
y del "pop", cultivan una especie de "realismo-paródico"
irónico, absurdo, con unos montajes en "trompe-l'oeil"
de los cuales he visto el último que hicieron, o uno de los
últimos, en la Galería
Edurne de Madrid, verdaderamente con mucha gracia, con mucho
talento. Pero precisamente desconfían de esta gracia, de
este talento; son muy protestantes en este sentido de siempre exigirse,
muy calvinistas, casi "hansenistas".
Hoy, ese trozo de su
obra lo rechazan casi totalmente y casi se avergüenzan de haberlo
hecho; pero creo que van demasiado lejos en esto -a parte de que
uno no debe avergonzarse nunca porque no sirve para nada- pues creo
que era mucho más útil de lo que ellos piensan que
era, visto desde la perspectiva actual.
Tenían un poco
esa especie de remordimiento de que no se habían librado
del lenguaje publicitario, pero ¿quién está
libre de ese lenguaje en nuestro tiempo? Les voy a citar una serie,
unos poquitos artistas de primer orden, consagrados en todo el mundo
que son artistas publicitarios, y que han cultivado la publicidad,
y que siguen haciendo pintura de publicidad: Warhol, Adami, Arroyo,
Alechinsky, Hamilton, todos estos son pintores que tienen un concepto
de la pintura muy cercano al cartel publicitario y que sin embargo
están muy bien. Entonces, después de estos remordimientos,
la Hermandad Pictórica, desorientada y desintegrada, decide
separarse, Ángel se marcha a Mallorca y Vicente a la India;
a Mallorca se marchan otra vez, o sea que aunque rechazan esta primera
experiencia se ve que el rechazo ha sido como los injertos de corazón,
el rechazo primero a sido vencido y me parece que ahora va a haber
una nueva Mallorca.
Vicente se fue a la
India de donde volvió muy imbuido del misticismo oriental,
hasta el punto de que dentro de una especie de ascesis iba a dejar
la pintura, por fortuna no la deja y, a su regreso, trajo un boceto
que es algo así como aquel talismán que trajeron los
"nabis"
de Pont-Aven, el talismán que fue un cuadrito, el cual
resultó milagrosamente que estar totalmente de acuerdo con
las ideas que Ángel tenía en aquel momento sobre lo
que debía ser el arte. Entonces decidieron trabajar separados,
siempre es lo más difícil en ellos, nunca cogen la
solución más fácil. Deciden trabajar separados
porque trabajando juntos seguramente no serían tan sinceros,
tan puros, ni tan arriesgados; pero cercanos, es un poco como esos
filósofos americanos del siglo XIX, de la época romántica
que se marchaban al desierto, pero resulta que era un desierto que
estaba a 20 Km. De la casa Emerson, por ejemplo, y podían
ir a tomar un té por la tarde y después volvían
a su desierto. Pues un poco esto, "mutatis mutandis",
como diría un orador jesuita. Los hermanos de la Hermandad,
el uno en Montmesa y el otro en Rasal
-- Rasal está al norte de la sierra de Marcuello y Montmesa
al sur, como ustedes saben-- estudiaban la naturaleza, no como ruptura
sino como integración. Siguen haciendo algún montaje,
el que hicieron en Madrid en 1977 yo lo consideré verdaderamente
interesante. Ellos creen que han perdido la ironía, porque
encuentran que no hay derecho a ser irónicos y que serlo
es no ser una "buena persona"; pero creo que todavía
les queda un poco sin que se den cuenta.
Cada vez muestran un
mayor entusiasmo por lo primario popular, por las culturas primigenias,
así como se distancian del "pop"; el artista del
"pop-art" trata de ver estas manifestaciones, pudieramos
decir un poco "underground" de la cultura, con un distanciamiento,
como diciendo: "yo encuentro esta casa de barrio, yo la comprendo
porque soy más inteligente". Los hermanos de la Hermandad
adoptan una posición totalmente distinta, ellos quieren integrase
dentro de la naturaleza con una humildad absoluta, entonces van
dejando los montajes y van pintando cada vez más.
Empiezan a tener remordimiento,
ya digo que es una vida de remordimiento, por el nombre de "Hermandad
Pictórica" que les parece demasiado personal, con aquel
tono de su ironía y con un cierto tono, que desde luego ha
resultado serlo así, estupendo de publicidad, porque realmente
es un nombre que tiene mucha gracia y casi han estado pensando en
si tendrían que abandonarlo y por fin, afortunadamente, no
lo han hecho.
Siguen pintando, no
tratan de romper con el pasado, añoran las culturas tradicionales
y Ángel cita una frase de George Rowley del libro "Principios
de la pintura China" que dice: "Un pintor chino evita
reproducir los logros de la ingeniería, o todo cuanto sugiera
la conquista de la naturaleza por el hombre, al igual que evita
reproducir las ruinas o destrozos materiales que evidencien el dominio
de la naturaleza sobre el hombre". Es decir, no se trata pues
de representar el mundo inhabitado, aunque de hecho han estado haciéndolo
durante bastante tiempo, como si el mundo no pudiera sufrir más
desperfectos por parte del hombre, ni tampoco quieren representar
al hombre como si fuera víctima de las fuerzas naturales.
Es una especie de anonadamiento
"panteísta", una especie de "franciscanismo
orientalizante" muy curioso. Recusan el "romanticismo",
en esto no estoy en absoluto de acuerdo con ellos, creen que el
"romanticismo" a la europea enfrenta al hombre consigo
mismo, con su propio destino y con la naturaleza exterior, unas
veces como víctima, otras como vencedor, tras huir de las
convenciones de la civilización. Es decir, el artista romántico
huye de la ciudad para enfrentarse con la naturaleza, a la cual
puede vencer o ante la cual puede ser vencido, pero no hay jamás
--según ellos creen-- una idea de conformidad, una idea de
penetración, una idea de, llamémosle así, sumisión
o de absorción en la naturaleza.
Sin embargo, yo siempre,
en cuanto he visto las obras de estos pintores, me he acordado de
Gaspar D. Friedrich, resulta que no he sido el único; por
lo demás, dicen que no tienen una tendencia centrifuga de
huida de la urbe sino centrípeta. Pero habría que
pensar cuando ellos pretender no ser místicos en el sentido
religioso de la palabra; yo leo aquí un texto que han elegido
ellos mismos, supongo, para uno de sus catálogos, que por
cierto se repitió, un catálogo del año pasado
para una exposición en la sala Libros de Zaragoza que dice:
"El trabajo que desarrollamos es una consecuencia de nuestra
actitud ante la Naturaleza. A diferencia de muchos pintores románticos
no vemos en ella un reflejo de nuestra propia subjetividad; cuando
pintamos no buscamos un nuevo lenguaje religioso y tratamos de no
situarnos en una perspectiva individualista. Antes bien, se trataría
de recuperar la actitud normal del hombre que se adentra en ella,
sabiéndose en un santuario, discerniendo y contemplando las
diversa cualidades divinas que se manifiestan bajo forma material.
Para los indios "pieles rojas" la naturaleza virgen es
su libro revelado, en la medida en que sepamos leer en él,
nuestra pintura será vehículo trasmisor de su mensaje.
Un indio de la tribu Siux Oglala decía así: 'Debemos
comprender que todas las cosas son obra del Gran Espíritu,
debemos saber que Él está en toda cosa, en los árboles,
la hierba, los ríos, las montañas y todos los cuadrúpedos
y pueblos alados, y lo que aun es más importante, debemos
comprender que Él está también más allá
de todas estas cosas, y de todos estos seres. Cuando hayamos comprendido
todo esto profundamente en nuestros corazones temeremos, amaremos
y conoceremos al Gran Espíritu'." Estas ideas no están
en absoluto, a mi manera de ver, reñidas con el romanticismo
europeo, especialmente en los pintores y pensadores alemanes que
a mí más me interesan, está perfectamente relacionado
con estas ideas y podría hacerlas suyas. Dice, por ejemplo,
Federico Sleger, en su discurso "Sobre la relación de
las artes figurativas con la naturaleza" escrito en 1807: "¿Qué
es lo que llamamos naturaleza sino un poema oculto bajo una escritura
misteriosa?." En realidad, Sleger en 1807, está empleando
casi las mismas palabras que casi medio siglo después va
a emplear Baudelaire: "La naturaleza es un templo que nos hace
señales a través de una serie de símbolos".
Las artes del diseño son intermediarias entre el alma y la
naturaleza, siendo ésta la fuerza universal y divina que
saca todas las cosas de su seno, eternamente creadora, en incansable
actividad, da cada día a luz productos nuevos.
La Hermandad admira
a los pintores chinos, a los grabadores japoneses, especialmente
a los más populares como Hokusai e Hiroshige, a los pintores
de la India de las escuelas Mugol y Rajput, admiran también
las miniaturas persas y turcas. Es decir, todas las representaciones
detallistas y objetivas, sin este cuidado, que veremos luego, de
representar lo fugaz dentro del paisaje. Admiran igualmente a Fra
Angélico, en quien ven una supervivencia del concepto medieval
esto es, una mística, una especie de compromiso entre lo
material y lo empírico. Pero no hay que olvidar que, de todas
las formas, uno de los grandes creadores del Renacimiento italiano,
y esto el maestro Pier F. Castell lo defendía con claridad
y evidencia, es Fra Angélico, es decir que el concepto de
luz en su pintura no residía anteriormente en ninguna pintura
medieval; en este aspecto, considero que ha sido uno de los grandes
renovadores, pese al aspecto místico espiritual que puede
parecer medievalista.
No citan nunca a dos
pintores en los que siempre pienso cuando veo sus obras, Otto
Runge y Caspar
David Friedrich, los dos grandes pintores románticos
alemanes de principios del siglo XIX, pero si ellos son tozudos
y aragoneses yo también los soy. Mi querido y admirado colega
Fernando Huici, en un texto que la Hermandad Pictórica no
debe desaprobar puesto que lo han impreso en este catálogo
que tengo en la mano, cita a Gustav Carus que fue el gran discípulo
de Friedrich, un medico que escribió cartas sobre la pintura
de paisaje y que se hizo eco en sus escritos de las ideas que Friedrich
llevaba a la práctica: "Un pintor no ha de pintar lo
que ve ante él, sino lo que ve en sí mismo, es decir,
ha de intentar hacer de transmisión por medio del artificio
de la naturaleza de la visión", dentro de esta tradición
Huici va señalando las semejanzas de estos pintores con los
"románticos" y, evidentemente, con los pintores
orientales: "La exposición que presentan, se nos ofrece
como una invitación a un viaje mental", algunos de estos
cuadros están aquí, "es uno de los raros ejemplos
de una manifiesta supervivencia de una vía mística
en nuestra pintura, estos paisajes tratan de plasmar la visión
simbólica de una espiritualidad no comprometida en tradición
parcial alguna y, por tanto, no pueden recurrir a una iconografía
religiosa concreta. Como Friedrich hiciera en cierta ocasión,
la Hermandad ha querido representar a Dios en las cañas,
imagen de un instante que por sí sola está condenada
a desaparecer". Esto no lo digo yo, lo dice Huici y me alegro
mucho de coincidir con él. Friedrich pinta en 1808 lo que
se ha llamado el retablo de Tenten que es la primera muestra de
un sentimiento religioso en el paisaje "romántico"
europeo.
El arte de la Hermandad
Pictórica, ensimismado en el sentido más exacto de
la palabra --entrar en sí mismo y quedar en una especie de
contemplación-- y, dentro de esta contemplación, llegan
a una percepción muy dura y neta, muy detallada de la realidad
que les circunda, pero centrándola en una especie de mensaje,
de un aura, como ustedes pueden comprobar en cualquiera de sus cuadros.
"Hay una eterna
guerra con el progreso en cada época", decía
Friedrich, porque dondequiera que en el mundo vaya a configurarse
algo nuevo, por bello y fidedigno que sea, siempre será combatido
por lo viejo y existente; sin embargo, no siempre podemos considerar
como un progreso en el tiempo la expulsión de lo existente
por lo venidero". Dice Friedrich en una carta que escribe en
1802: "En todas las flores y árboles me resulta cada
vez más claro que, como en cada uno de nosotros se esconde
cierto espiritu humano y una conciencia y un sentimiento, y veo
claramente que esto tiene que proceder del Paraíso, precisamente
en lo más puro que hay en el mundo, sean los árboles,
sea un paisaje en donde podemos descubrir a Dios o su imagen, esto
es lo que Dios llamó "hombre", cuando El creó
a los hombres como se dice a Su imagen. Porque fuera de eso el hombre
no puede, ni debe formarse imagen de Dios alguna". En una carta
a su esposa, que Friedrich escribe en 1822 cuando estaba pasando
una temporada en el campo, dice: "Al atardecer salgo al campo
con el firmamento sobre mí y en torno mío los verdes
campos y los verdes árboles, y no estoy solo, porque Aquel
que creó Cielo y Tierra, está conmigo y me protege",
Friedrich, quien apenas escribía, decía también:
"Cierra tu ojo físico a fin de ver tu cuadro en el eje
del espíritu, luego conduce a la luz del día lo que
has visto en tu noche con el fin de que su acción se ejerza
sobre otros seres del exterior". O sea desde el paisaje hacia
la interiorización, y aquí entra esta frase que luego
Carus expresó más claramente: "El pintor no debe
pintar unicamente lo que ve ante él, si no ve nada en él
que renuncie a pintar lo que ve fuera, de lo contrario sus cuadros
se parecerán a los biombos tras los cuales no podemos encontrar
mas que la enfermedad o la muerte. Dios está en todas partes,
en el más pequeño grano de arena, y yo quise representarlo
un día también en el cañaveral". Este
es pues el sentido de la pintura de Friedrich, que he de confesar
encuentro bastante semejante al sentido de la pintura de la Hermandad
Pictórica.
El paisaje parado, el
paisaje inmóvil, en contraposición con el paisaje
movido que ha sido uno de los grandes descubrimientos de la pintura
occidental a partir del Renacimiento, que en realidad, creo yo,
es Giorgione el primero que lo descubre cuando desfasa, desenfoca
ligeramente los bordes de los objetos que representa al aire libre
para darnos una idea de la fugacidad de la luz y de su transformación.
Eso llegará hasta el "impresionismo" con una nitidez
y con una sensibilidad tal que Sisley,
que ha sido seguramente el más puro de los "impresionistas",
decía que no podía pintar un tema más de media
hora porque el tema había cambiado totalmente, porque la
luz había cambiado, y tenía que esperar a que otro
día saliese el sol a la misma hora para seguir pintando.
Esto es exactamente lo contrario de lo que Friedrich buscaba y de
lo que la Hermandad Pictórica busca en nuestros días.
Los "impresionistas", y en general los paisajistas, tratan
de captar lo fugaz, la nieve que se funde, la hoja que se mueve,
la nube que pasa, la luz que varía, el movimiento de la ola
como Monet. ¿Ven ustedes las olas, los reflejos que hay en
estos cuadros?, ¿Ven ustedes este puente en una inmovilidad
absoluta? Se trata de anular el tiempo, de anular esta idea de que
el paisaje, la representación de lo externo al hombre, tiene
que estar en relación con la fugacidad del hombre mismo,
y que el paisajista lo que tiene que captar es precisamente la vida,
la vida que pasa. Para ellos, la vida no pasa, la vida queda petrificada,
mineralizada, queda cristalizada; ese instante convertido en Eternidad
de una manera semejante a como lo hacen los pintores orientales,
o como lo hacen los pintores románticos alemanes.
Por eso admiran ellos
a los pintores de iconos, porque evidentemente, los pintores de
iconos han anulado el espacio y el tiempo desde siempre. Pero claro,
con estos ellos tienen, yo creo, una profunda diferencia, y es que
los que pintaron iconos en el siglo IV de nuestra era, estaban inventando
una expresión del espacio alejada del tiempo, una especie
de espacio metafísico, un espacio celeste. Pero realmente,
el pintor de iconos de nuestro tiempo que repite por enésima
vez, por diezmillonésima vez, el icono que han pintado sus
antepasados, no creo que esté inventando nada. Acabo de regresar
de Rusia y he estado viendo muchos iconos de los que se ven en las
iglesias del siglo XIX, el pintor se limita normalmente a repetir
exactamente el modelo que tiene y, por lo demás, la iglesia
Ortodoxa jamás hubiera permitido que el pintor de iconos
innovase. Tenemos aquí en España un icono greco-ruso
que es muy venerado, la Virgen del Perpetuo Socorro, que se llama
en Rusia la Virgen de Vladimir. Imagínense ustedes que una
devota encargara en una tienda de objetos sacros, una Virgen del
Perpetuo Socorro y la hicieran mirando a otro lado o con el niño
en otra postura, diría "No, ésta no es la que
yo quiero, la Virgen del Perpetuo Socorro ha de estar exactamente
en la misma postura". Así es la pintura de iconos, por
eso creo que hay que admirarla en nuestros días mucho menos
de lo que se podía admirar cuando se empezó a tratar
de crear este espacio totalmente separado del tiempo, ese espacio
místico que vemos antes que en los iconos en las decoraciones
murales, en los grandes mosaicos bizantinos.
Tiempo de reflexión,
en lugar de ser un instante de orgía visual, un instante
de excitación o de inexpresión, es un tiempo, una
especie de ansia de Eternidad reflexiva, casi un neoplatonismo,
puesto que la mirada y la luz se consideran como una especie de
enviados de Dios, y la manera en la que estos pintores se acercan
a Dios, en esta especie de misticismo "sui generis" es,
creo yo, a través de esta obra visual que la Naturaleza les
ofrece, a través de la mirada que es, como decían
los platónicos florentinos de Renacimiento, el instrumento
del Intelecto divino. Decían que los elegidos comprenden
con la mirada, su lenguaje es el lenguaje de la mirada, la mirada
es lo que nos hace comprender inmediatamente.
Querría terminar
con algunas citas más de Novalis, otro gran escritor alemán:
"Soñamos con viajar por los espacios cósmicos,
pero ¿acaso no están en nosotros?, ignoramos las profundidades
de nuestra alma, la misteriosa senda va hacia dentro; en nosotros
o en parte alguna se halla la Eternidad con sus dos mundos, lo pasado
y lo futuro". Ello, para Novalis, desemboca en una armonía
entre el hombre y la naturaleza que llama "estimun", empleando
la palabra musical acorde, el acorde musical entre dos tonalidades
o dos instrumentos se llama "estimun", y él habla
del acorde entre el alma y la naturaleza llamándola así.
La acústica del alma es todavía un campo oscuro pero
que acaso algún día será importante.
Heggel, también
alemán, escribe un poema del que extraigo estos versos:
El sentir se diluye en la contemplación,
lo que yo llamaba mío, ya no existe.
Hundo mi yo en lo Inconmensurable.
Soy en ello,
Todo soy,
Soy sólo Ello.
Creo que todas estas cosas no están muy desplazadas para
decirlas delante de esta admirable colección de imágenes
que ven ustedes colgadas en las paredes. Imágenes de anonadamiento,
de ensimismamiento, de petrificación del tiempo que he tratado
de señalar y que, a mi modo de ver, puedo equivocarme, corresponden
a lo que yo siento delante de esta pintura.
Hay algo que colabora
también de una manera más o menos impensable pero
real, es la luz de Aragón, la veía esta tarde al venir
en el tren y entrar en los valles del Jalón viniendo de Madrid.
Esta luz que es al mismo tiempo suave, puesto que es una luz de
otoño, pero de una precisión absoluta, que nos revela
cada detalle, sin que el detalle tome primacía sobre la generalidad
de la obra. Esto, creo, también ha colaborado en el concepto,
sobre todo cuando se trata de algunos paisajes inspirados en espectáculos
de la montaña aragonesa. Realmente la pintura de montaña
hay que hacerla como la haría Friedrich o como lo hizo Ferdinand
Hodler en Suiza con un sentido místico. La montaña
es muy traidora, no sólo en el sentido de que uno puede resbalarse
y caerse como les pasa a los pobres serpas, sino que es muy traidora
en el sentido de que puede convertirse en tarjeta postal inmediatamente,
si nos descuidamos. Su grandeza es tal que reducida a los límites
de un cuadro pequeño puede terminar siendo bonito lo que
en realidad es sublime o grandioso, y esto la Hermandad ha sabido
vencerlo con una manera y con una habilidad verdaderamente extraordinaria,
en todo, porque estos cuadros, pudiéramos decir como dijo
Oscar Wilde ironizando sobre una exposición, "están
totalmente pintados a mano". Realmente están totalmente
pintados, en el sentido de que son obra de artesanía cuidadísima
en la que no se ha descuidado nada; para un tema se elige un formato,
una técnica, se elige el color y la manera de aplicarlo.
Estos pintores, como ustedes pueden ver por la obra gráfica,
conocen las técnicas y los efectos de la grafía, de
la litografía, de la serigrafía, de la xilografía,
del dibujo, de una manera total y absoluta. En este aspecto son
también muy de taller antiguo, de taller medieval o del Renacimiento.
Son unos pintores que no se avergüenzan en absoluto de ser
artesanos y cuyas obras, como digo, están hechas con un primor
extraordinario pensando siempre en revelar lo que se proponen de
la manera más exacta posible. Un tema que como ven ustedes
queda siempre como una cristalización perfecta, entramado
en un signo gráfico que es al mismo tiempo la mejor manera
de representar el reflejo, la hierba, la nube, pero, al mismo tiempo,
interesante en sí mismo como grafía; vean ustedes
por ejemplo como están los árboles de ese cuadro,
sacando un enorme partido de la disociación de las tintas.
En este aspecto, en muchos casos, se acercan no al impresionismo
sino al "post-impresionismo", en muchos casos, creo yo,
están más o menos influidos por Seurat o Signac cuando,
por el llamado "puntillismo", de deshacer, de emplear
colores primarios y su combinación en la pupila, y no en
la paleta, traban de conseguir una impresión más fresca.
Hay en ellos también,
en esa perfección tan dura y al mismo tiempo tan tierna del
espectáculo exterior, una relación, creo yo, con la
cámara oscura y especialmente con la que empleaba Veermer
de Delft, es decir con esta manera de enfocar el cuadro de modo
que nos quede, casi incluso, como la refracción de la lente
al borde de la imagen luminosa, es todo lo contrario de lo que trataba
de hacer la pintura, podríamos decir, de tipo "europeo-impresionista",
puesto que lo que consiguen con ello es esta sensación de
inmovilidad absoluta, esta especie de misterio como de la Divinidad
bajo apariencias cotidianas, este anonadamiento dentro de ese espacio
Zen casi panteísta, medio franciscano, esa intemporalidad
extraordinaria.
Novalis
escribía a fines del XVIII, en 1797: "El arte de la
observación silenciosa, de la contemplación creadora
del mundo es difícil. Su realización nos exige una
incesante y seria reflexión y una severa sobriedad, y su
recompensa no será el aplauso de los contemporáneos,
que rehuyen el esfuerzo, sino tan sólo la alegría
de saber y de velar el íntimo contacto con el Universo".
Ellos citan, en una
de esas citas que ponen en sus obras, el caso del abad del monasterio
de Leire, el abad Virila, quien un día salió del convento,
quedó en el huerto oyendo como cantaba un ruiseñor
y cuando volvió no conoció a nadie. Los frailes que
estaban no eran los que él había dejado, y es que
había pasado trescientos años oyendo cantar al ruiseñor,
sin darse cuenta de que la eternidad era eso, esa especie de canto
de ruiseñor. Ellos lo citan, porque realmente le va muy bien
a este ensimismamiento, a esta pintura absolutamente atemporal,
una pintura, como ven ustedes, en la mayor parte de los casos crepuscular,
puesto que el crepúsculo matutino o vespertino es el momento
del día en que parecemos tocar un poco lo que es la Eternidad,
el momento en el que da la sensación de que hay como una
transparencia en la atmósfera y en el mundo que nos hace
creer que hay algo permanente dentro de esta enorme fugacidad que
es nuestra vida y nuestras preocupaciones.
Ellos citan también
un versículo del Corán: "Todo lo que allí
veis desaparecerá, la Faz de tu Señor permanecerá
plena de majestad y de gloria". Es decir, que siempre detrás
de estas imágenes ellos ven esta existencia de Dios. Y decía
Novalis, y con esto termino, : "Lo que es visible puede contener
lo Invisible, lo audible puede contener los Inaudible, lo palpable
lo Impalpable y, quizás también, lo pensable puede
contener lo Impensable.
Julián
Gállego
Huesca 1982
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Julián
Gállego, Zaragoza 1919 - Madrid 2006. Doctorado en
Historia del Arte en la Escuela de Altos Estudios de la Sorbona,
en París. Fue profesor en Historia del Arte en la Universidad
Autónoma de Madrid y catedrático de la Universidad
Complutense de Madrid hasta que, en 1995, fue nombrado jefe
de departamento de arte contemporáneo y concedido el
título de profesor emérito.
Su extensa bibliografía incluye entre otros libros:
Visión y símbolos de la pintura española
del Siglo de Oro (Madrid, Aguilar, 1972), Velázquez
(Nueva York, Metropolitan Museum, 1989) y El cuadro dentro
del cuadro, (Madrid, Cátedra, 1978); así
como monografías sobre Francis Bacon, Julio González,
Goya o Pablo Picasso entre otras. |
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parte
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