Vicente Pascual Rodrigo: "Vuelvo a Aragón porque necesitaba reencontrarme con mis raíces"

MARIANO GARCÍA
HERALDO DE ARAGON / Cultura, 24 de mayo de 2003


Tras veintidós años fuera de Aragón, Vicente Pascual Rodrigo, el artista que con la Hermandad Pictórica revolucionó el panorama aragonés de la pintura en los años 70, vuelve a su tierra. Se ha instalado en Tarazona, donde aspira a reencontrarse con sus raíces.

Zaragoza.- De nuevo en Aragón. Austero, reflexivo, profundo, Vicente Pascual Rodrigo, que con su hermano Ángel formó la Hermandad Pictórica, se ha instalado en Tarazona. Busca reconcentrarse en sí mismo, el silencio, la paz, Aragón. En Estados Unidos deja a una hija, que dirige la sala de arte en una universidad de Iowa, un montón de obras en galerías privadas, y un mural que está preparando para el aeropuerto de Baltimore, y que se inaugurará en otoño.

- Once años en Mallorca y otros tantos en Estados Unidos. ¿Por qué regresa?.

Los últimos meses en Estados Unidos han sido muy opresivos. La sociedad norteamericana nunca me ha interesado mucho, aunque tiene la ventaja de que te puedes "perder" en ella. Pero tras el 11 de septiembre la situación ha cambiado bastante. Necesitaba reencontrarme con mis raíces, ver piedras, casas con más de 500 años de historia... Mi abuela fue maestra en Tarazona, necesitaba ver el Moncayo. Pero no vengo a ser nadie, vengo a estar.

- ¿En qué sentido lo cambió todo el 11-S?.

Aquella América que aceptaba otros mundos dentro de sí misma dejó de repente de aceptarlos. El Gobierno y la Prensa han creado una especie de paranoia colectiva, un ambiente irrespirable. El Gobierno no controla la Prensa, claro, pero ambos tienen los mismos intereses. Es un país en el que uno puede publicar lo que quiera, pero eso no quiere decir que su opinión acabe llegando al público, porque los grandes grupos de comunicación tienen los mismos intereses que el Gobierno. Tú tienes toda la libertad del mundo para abrir una zapatería donde quieras, pero nada más hacerlo, si te va bien, te va a venir una gran cadena del calzado y te va abrir una tienda al lado con cuyos precios no vas a poder competir. Y vas a acabar cerrando. En ese sentido, el capitalismo extremo es muy parecido al comunismo. Todo esto se ha exacerbado tras el 11-S, y se ha instalado en la sociedad el miedo a lo diferente. De nada sirve que tú no tengas miedo, porque te encuentras rodeado de gente que sí lo tiene, y te acaba afectando.

- ¿Qué buscaba cuando se fue?.

Nada de particular. Empecé a viajar a Estados Unidos para ver a unos amigos en Bloomington, Indiana, y me atrajo la Naturaleza de allí, tan distinta a la de Mallorca, con un fuerte contraste entre las estaciones, con un paisaje ondulado, de bosques interminables...

- Fue un hechizo.

Sí, un hechizo visual y de los sentidos. Me fui a Estados Unidos en busca de una experiencia vital, no para hacer carrera como pintor. Si hubiera buscado esto último, hubiera ido a Nueva York.

- Y, de allí, al Moncayo.

El paisaje aragonés, si exceptuamos los Pirineos, es de una sobriedad impresionante. Me fascina su sencillez de líneas, su austeridad, su grandeza. Todo en él es sutil, pero definido, tiene un aspecto cristalizado, de fijeza, que se equilibra con el olor. Solo he visto algo parecido en Afganistán.

- El 11-S, ¿también ha cambiado el panorama artístico?.

Sí, claro. Llevábamos un tiempo en el que el arte en Estados Unidos se había vuelto sofista. Se creaban productos muy efectistas, muy bien hechos, inspirados en un sensualismo que no llevaba a ningún sitio. Creía que el 11-S iba a servir para que los artistas volvieran a buscar más el "qué" que el "cómo", pero no ha sido así. Aún se ha extremado más la relación patrón-siervo, y los artistas hacen lo que está de moda en la sociedad, lo que ésta demanda.

- Y todo se estandariza.

Claro. El problema de muchos pintores es que quieren ser alguien, y el deseo de originalidad conduce muchas veces a hacer lo mismo que los demás. En pintura se ha estandarizado todo. Puedes ver a un artista egipcio que hace lo mismo que uno norteamericano.

- ¿Conoce algo de lo que se está haciendo aquí?

En Aragón hay muy buenos pintores: Enrique Larroy, Paco Simón, Jorge Gay, Ricardo Calero, Santiago Arranz..., algunos de los que he citado no los conozco personalmente, ni he hablado con ellos. Pero hay tragedia en sus obras.

- ¿Tragedia?

Drama, más bien. Para mí el arte es actualizar lo invisible en formas visibles, no he tenido nunca el deseo de expresar mis sentimientos, sino mis intuiciones.

- ¿Sufre pintando?

Allí donde hay un pintor hay sufrimiento. Cada tela es una batalla: concibes algo, quieres hacerlo, empiezas a servir a esa idea pero tus límites o la situación hacen que el cuadro no quiera salir adelante. Tienes un diamante y debes tallarlo, eliminarle cosas superfluas. Hay un sufrimiento, sí, pero tampoco es diferente al de la vida, por eso hablo de drama y no de teatralidad. Si consiguiera la pureza absoluta quizá no seguiría pintando. Pero estoy satisfecho. Me salen cuadros malos porque asumo riesgos. El pintor que no se equivoca no es buen pintor.


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