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Vicente Pascual
Vicente Pascual a la orilla del Ebro, 2008


JUAN DOMÍNGUEZ LASIERRA
HERALDO DE ARAGÓN,
27/09/2008

Vicente Pascual, la subida a su monte interior
Pidió un deseo, que le fue concedido: hacer una última pintura. Pintó las montañas, un riachuelo y un sendero; dibujó una valla y en la valla dibujó una puerta, y por ella se fue sendero arriba.

A Vicente Pascual lo conocí de verdad en un viaje en autobús en el que por esos azares de la vida coincidimos en asientos contiguos. Era el mítico año 68. Vicente iba a Barcelona, yo me quedaba en Lérida. Vicente, al que llevaba años tratando como artista (lo entrevisté junto a su hermano en la Galería Atenas, en la que fue la primera gran exposición de La Hermandad Pictórica, entonces también Aragonesa). Me habló de su viaje, el único, el verdadero, el que haría a las fuentes del hinduismo, que es, como decir, de la sabiduría. Vicente, que había vivido muchos años en Estados Unidos, en Indiana, no había sido tocado por el "american way of life", y permanecía fiel a sus principios, había seguido siendo hijo de la India. Y con él, su obra, era una consecuencia de esta filiación.

Murió el pasado jueves, 25 de septiembre, en Utebo, tras sufrir una larga enfermedad, y fue enterrado ayer en Jarque de Moncayo. Vicente ha sido, ante todo, un resistente. Y a despecho de los vendavales que azotan el arte -y la vida, claro-, él seguía su discurso, lenta, pausadamente, con la convicción de estar en un camino que no tenía alternativa, donde todo lo más había cambios de paisaje. Lo reflejaba ese pensamiento de Heráclito de Éfeso que él puso al frente del catálogo de su exposición en el Torreón Fortea, titulada "Nunc" (Ahora): "Si no hubiera sol las estrellas no podrían impedir que fuera de noche". Es como decir que la esencia de las cosas es inamovible, que la vida es lo que es y que el arte también. Y él estaba por lo que estaba, por su mundo alquímico en el que trabajaba la mano y la sensibilidad, el amanuense y la materia. Un trabajo que se fusionaba a medida que se producía, en un constante juego de opuestos -el círculo y el cuadrado, lo alto y lo bajo, el anverso y el reverso-, que remitían a la eterna síntesis unitaria del ying y el yang. Vicente, nunc... et semper.

La serena tensión del samurai

Vicente Pascual Rodrigo (Zaragoza, 1955) había nacido al arte junto a su hermano Ángel, La Hermandad Pictórica Aragonesa, y hasta el año 89 hicieron juntos su camino. La Luzán fue el último escenario de su trabajo conjunto, de sus paisajes del alma, el "Ante Diem". Ángel y Vicente marcharían en los primeros años ochenta a Mallorca, y Vicente, posteriormente, al Nuevo Mundo. Vicente volvería a exponer, por primera vez individualmente, en Zaragoza, en abril de 1992, en el Torreón Fortea. En su nueva etapa, nuevos soportes y nuevos materiales donde el paisaje, motivo permanente, era sólo el medio o lenguaje con el que expresarse como pintor. Una obra que él mismo califica de dramática, como una forma de acotar el sentido último que la informa, esa tensión interior que da vida al cuadro, la del samurai que, tras su calma ritual, lanza toda su energía en el golpe definitivo. Basho era uno de sus maestros: "No sigo a los antiguos; busco lo que ellos buscaron". El paisaje no fue su tema, fue su vehículo de expresión: "El paisaje es como mi lengua, mi medio, mi vehículo. Como el instrumento para un músico. Pero mi obra no es el medio, el paisaje en este caso; mi obra es lo que comunico, lo que expreso a través de ese medio".

El propio artista trazó así su itinerario: "Mi trayectoria, primero como Hermandad Pictórica, luego en solitario, se inicia con el pop, luego sigue con un cierto realismo onírico, muy de la época, y luego llega el paisaje como copia de la realidad: es la etapa del Pirineo, cuando me fui allí a vivir. Sentía la necesidad de discriminar y buscar un orden para que mi pintura no fuese una cosa subjetiva. Entonces empecé a trabajar sobre la sección áurea, dentro de un orden matemático. Esta etapa duró unos tres años, y fue de una identificación total con el paisaje. Es la única etapa en que he sido totalmente realista. Luego los paisajes empezaron a ser imaginados, sustituyéndose la aritmética por la geometría, hasta que se han convertido en geometría de base. Los paisajes se han hecho totalmente inventados, sintetizándose en ellos la memoria y las vivencias. Digamos que se ha producido un paso de la identidad con el paisaje a la convivencia".

La geometría y la mística


En diciembre de 1996, Vicente vuelve a Zaragoza, a la Galería Antonia Puyó. También inicia una itinerante de Ibercaja. El paisaje ya ha llegado a una extrema síntesis. Es el trabajo de sus dos últimos años en Indiana, en Estados Unidos. Pese a su apariencia distinta, el pintor insiste en la continuidad de su obra actual con la anterior. "El paisaje no es una posibilidad agotada". Pero la geometría cobró protagonismo, presidida, eso sí, por Nemosine. "Desde el 92, mi trabajo iba tomando más importancia la geometría en la composición, y a medida que cuidaba más este aspecto iba comprobando que este elemento metódico que supone la geometría, el rigor de la geometría, me permitía verdaderamente ser mucho más libre. Esto hay que relacionarlo con la búsqueda del equilibrio, que siempre persigue mi obra. Y resumía así lo esencial artístico: "Hay que recordar que las musas eran hijas de Nemosine, la memoria. Lo cual es muy sugerente. El rigor, la serenidad, la intuición, la memoria, estas dos últimas, retrospectivas, son valores que hay que conjugar en toda obra de arte. Las culturas primitivas, los pueblos isleños, utilizan mucho lo redondo, lo espiral, mientras que los pueblos del desierto van a una geometría más rectilínea. Esta geometría es la que está más presente en mi obra".

La síntesis de esa trayectoria vendría a plasmarse por una vía metafísica. En la vanguardia hay un gran deseo de recuperación de los planteamientos espirituales, diría el artista. Y Veruela sería el gran escenario donde representar ese proceso. Era septiembre de 1999. Adentrándose en un paisajismo cada vez más esencial, centró su trabajo en el estudio del simbolismo en la geometría, su coincidencia intelectual interna en las más diversas culturas y sus divergencias formales externas. A modo de tapiz, de alfombrilla de oración, que une al hombre con lo ancestral, con lo originario, el artista nos pone frente a una representación del mundo, siempre incógnita, en muchas ocasiones laberíntica, y ante la que parece invitarnos a comprender, a salir del enigma por el camino de la meditación.

En diciembre del 2006, Vicente nos deja su testamento: "Las 100 vistas del Monte Interior". Produce mucho respeto circular por sus páginas, que hay que hacer pausadamente, en silencio, en abandono del mundo de lo externo. Porque introducirse en él es como hacerlo en un recinto sagrado, en un templo sapiencial nunca hollado por desarmonía alguna, un santuario del equilibrio y la simetría, es decir, de la perfección. Entrar en el Paraíso. Imagino a Vicente en el ascenso a su monte interior como el propio Fujiyama de su inspiración, con su "poderosa mansedumbre" y su "noble firmeza".

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CONCHA MONSERRAT
EL PAÍS,
29/09/2008

Vicente Pascual Rodrigo, un pintor muy literario
Junto a su hermano Ángel fundó la Hermandad Pictórica Aragonesa, dedicada a reinterpretar el paisaje

Cuando le propusieron sedarle al final de su enfermedad para evitarle sufrimientos y adelantar así el desenlace, Vicente Pascual Rodrigo se negó. Y se negó no por razones éticas o morales. Dijo no porque, sabiendo que lo suyo no tenía remedio, quería "disfrutar", aunque suene duro, de la comprensión de la muerte y su relación con la naturaleza.

Vicente Pascual Rodrigo, el que sin duda ha sido uno de los pintores más literarios de Aragón, tenía claro que los horizontes son infinitos y que no deben ponerse vallas a los paisajes, que la existencia del hombre es comunión con la naturaleza, y, quizá por eso, al final de su vida mudó el paisaje explícito para convertir sus cuadros en figuras geométricas y escribir.

Este heterodoxo ganó su mejor exposición, como en un canto a la vida, cuando en el Centro de Arte y Naturaleza (Cdan) de Huesca organizó una muestra de su obra y publicó uno de sus libros: Las 100 visitas del Monte Interior en recuerdo de los antiguos locos. Lo recordaba el pasado viernes el viceconsejero de Cultura del Gobierno de Aragón, Juanjo Vázquez. Dos días antes, el 24 de septiembre, Pascual Rodrigo había muerto en Utebo (Zaragoza) a los 53 años.

Fue incinerado en la localidad de Jarque de Moncayo, donde la familia de su esposa, Ana Marquina, posee el más hermoso patrimonio que puede tener el ser humano: libros e historia. Quienes querían a Vicente, que junto a su hermano Ángel formó en 1972 la Hermandad Pictórica Aragonesa, estaban ese día junto a los suyos. Nació en Zaragoza en 1955. Su destino: viajar.

En Oriente, entró en contacto con los escritos de Frithjof Schuon, Seyyed Hossein Nasr y Ananda Coomaraswamy. En 1992, tras más de una década trabajando en Campanet (Mallorca), trasladó su estudio a Estados Unidos -en Bloomington, Indiana, al comienzo, y Washington DC, tiempo después-, donde su obra sufrió una severa transformación: abandonó la forma de paisaje que cultivó con su hermano para concentrarse en los ritmos geométricos constantes en la naturaleza.

Regresó a España en 2003. Su obra está expuesta o forma parte de colecciones en el Museu d'Art Modern i Contemporani de Palma, el Indiana University Art Museumen Bloomington; el Inter-American Development Bank Art Collection en Washington, DC; en el Centro de Arte y Naturaleza y la Real Calcografía Nacional en Madrid o en The Hispanic Society of America Museum de New York.

En 2007, escribe Los doce primeros meses del año, libro inédito que reune 12 poemas y 12 pinturas originales. En 2008, Olifante Ediciones de Poesía publica A la vida, a la muerte y a mi bienamada / Cancioncillas y cancionejas, que reúne una treintena de poemas.

El erudito y periodista del Heraldo de Aragón Antón Castro ha escrito en su blog sobre la muerte de su amigo y sus últimos días, en los que ordenaba fotos y recuerdos: "Quizá lo que más impresione de él sea su lentitud poblada, su emotividad poética: ha escrito poemas, aforismos, y en casi todos habla de la belleza, del sueño, de la trascendencia, del amor y de la amada, y de la muerte, que le rondaba en forma de una enfermedad terrible".

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JUAN DOMÍNGUEZ LASIERRA
HERALDO DE ARAGÓN, 26/09/2008

Vicente Pascual Rodrigo falleció en su último retiro espiritual de Utebo
El pintor zaragozano, víctima de una larga enfermedad, será enterrado hoy en Jarque de Moncayo. En su primera etapa artística formó "La Hermandad Pictórica Aragonesa" con su hermano Ángel.

Ha muerto dulcemente, como se merecía quien hizo de la serenidad y el equilibrio el eje de su vida y de su arte. Vicente Pascual Rodrigo, en su último retiro espiritual de Utebo, después de un largo peregrinaje por el Pirineo aragonés, Mallorca, Blomington y Arlington, donde derramó su vocació

n artística, vino hace unos años a retirarse de nuevo a su tierra, y en Tarazona y Utebo hizo sus últimos refugios sabiendo que tenía ya los días contados. Con enorme ánimo siguió diversos tratamientos hasta que, a comienzos de verano, asumió con tranquilidad su fin inevitable. Ayer, hacia las cinco de la tarde, en medio del sueño, dejó de existir. Esta tarde, a las cuatro, se celebrará un funeral en la parroquia de Utebo, y a continuación sus restos serán trasladados a Jarque, el solar de los Marquina, su familia política, donde descansará al amor de un Moncayo que para él, como el mismo Fujiyama, fue un mito de inspiración estética y de vida.

Vicente Pascual nació en Zaragoza en 1955, y desde 1970 formó con su hermano Ángel La Hermandad Pictórica Aragonesa. Iniciados por los caminos del pop, su estética fue derivando por mor de una disciplina casi franciscana hasta esos paisajes que, sin ser únicamente paisajes, se convirtieron en una seña de identidad de la producción de ambos hermanos. La Hermandad duraría hasta 1989, con su exposición en la Luzán, de Zaragoza, expresivamente titulada "Ante Diem". Después, caminos propios, aunque siempre conscientes ambos, de la fecundidad de su empresa común. Tras una estancia en el Pirineo, en 1981 se traslada a Campanet (Mallorca) y, posteriormente, inicia una larga etapa de residencia en Estados Unidos, primero en Bloomington (Indiana) y luego Arlington (Washington). Vuelto a Zaragoza, hace de Tarazona y Utebo sus últimos refugios. Realizó, desde entonces, destacadas exposiciones como: Bona nit, món, en la galería Eude, Barcelona; Torre de ses puntes, Manacor; Terra incognita, en la Casa Balaguer, de Palma; A Giotto, a Morandi, en la galería SEN, Madrid; Sturm und Drang, en la galería Maior, Pollensa; Una imatge de limaginari, en el Museo de Olot; Imago Mundi, en Washington; Romanica Similiter, en Veruela; Speculum Animae, en Huesca… Participó en Arco (89/90), y en el Art Jonction 91, de Niza. Sus paisajes eran más del alma que de la geografía. La armonía fue un principio de este exquisito samurai del arte. Publicó los libros de poemas A la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada y Las 100 vistas del Monte Interior. A Ana, su esposa, y a Cira, su hija, nuestras condolencias y afecto.

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MARIO SASOT
LA VANGUARDIA, 29/09/2008

La unión de lo lírico y lo espiritual
VICENTE PASCUAL RODRIGO (1955-2008) Pintor y poeta

Practicante del arte pop y del cartelismo rompedor en los años setenta, apóstol del paisajismo colorista en los ochenta, más sereno y melancólico en los noventa, los lienzos de Vicente Pascual han estado siempre cargados de fuertes dosis de belleza plástica, espiritualidad y trascendencia Nacido en Zaragoza, formó en esta ciudad, con su hermano Ángel, la reconocida y celebrada Hermandad Pictórica Aragonesa, sociedad iniciada en los inicios de los setenta y continuada en los ochenta, ya con el nombre de Hermandad Pictórica. Vicente Pascual falleció el pasado 25 de septiembre en la localidad zaragozana de Utebo, su último refugio, tras larga enfermedad y un peregrinaje artístico y vital que lo llevó al Pirineo aragonés, Mallorca, India, Japón, Turquía e Indiana y Washington (Estados Unidos). Deja viuda y una hija. ...

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JAVIER ORTEGA
EL MUNDO, 6/10/2008

Pintor con alma de poeta
El artista aragonés Vicente Pascual Rodrigo falleció el pasado septiembre, a los 53 años, tras larga enfermedad.

Estudió en la Academia del pintor José Luis Cano y en 1970 ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona. Formó en 1972 La Hermandad Pictórica con su hermano Angel. La Hermandad se disolvió en 1989 con una exposición en la sala Luzán de Zaragoza, titulada Ante Diem. Luego cada hermano seguiría un camino distinto en la creación artística, también como ilustradores y cartelistas.

En 1975, Vicente Pascual entró en contacto con los escritos de Frithjol Schuon, Seyyed Hossein Nasr y Aradna Coomaraswamy, cuya perspectiva filosófica influyó de manera definitiva en su concepto de la práctica creativa. Su trabajo quedó así fuera de las corrientes más aceptadas al asumir planteamientos platónicos muy olvidados, o simplemente relegados, dentro de las pautas dominantes del pensamiento moderno.

En 1992, tras más de una década trabajando en Campanet, Mallorca, trasladó su estudio a EEUU, donde su obra sufrió una severa transformación, abandonando la forma de paisaje reconocible que revestía sus pinturas. Se concentró entonces en los ritmos geométricos constantes en la naturaleza, dando paso, a partir de 2000, a un trabajo en el que las formas quedaron reducidas a los mínimos fundamentales y el color a su expresión más austera.

A mediados de 2003 retornó a España, y realizó destacadas exposiciones, entre ellas Bona nit, món, en la galería Eude de Barcelona; Torre de ses puntes, en Manacor, o Terra incognita en la Casa Balaguer, de Palma. Participó en la feria de Arco en 1990, así como en el Art Jonction 91, de Niza. Su trayectoria artistica y vital ha sido recogida en una extensa bibliografía.

Vicente Pascual, pintor, nació en Zaragoza en 1955 y falleció en Utebo (Zaragoza) el 25 de septiembre de 2008.

Esta selección de textos está incompleta ya que algunos de los obituarios no están disponibles en formato digital.
Foto: Omar Rifaat


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