Las
100 vistas del Monte Interior, comentarios..

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Comentarios sobre el
libro de Vicente Pascual
"Las 100 vistas del Monte Interior, en recuerdo de los
antiguos locos"
Ángel
Guinda / Antón
Castro / José
Antonio Labordeta / Alejandro
Ratia / Mercedes
Pérez / Javier
Delgado / Isabel
Ara / Juan Domínguez Lasierra / Toni Losantos
EL LUJO DE LA SOBRIEDAD Ángel Guinda
Apenas cuarenta años después de que Edward
Kienholz acuñase el término arte conceptual y Sol
LeWitt realizase la primera tesis teórica del movimiento,
Vicente Pascual nos ofrece el regalo más esperado para bien
de los ojos, de la inteligencia, de la sensibilidad, de la cultura.
Y lo hace tras haberse atrevido, durante su creciente y perfeccionista
trayectoria, a rajar el espacio (y el tiempo) para ver más
allá.
Tras superar el aspecto lingüístico-tautológico
del conceptualismo apartándose del objeto, asimilada cierta
forma de realización fáctica o mental respecto a la
imagen y a la percepción, su evolución plástica
opta por la tendencia mística vinculada al pensamiento platónico
y a determinados procesos de iniciación de máximo
subjetivismo existencial y complicidad con la objetividad intelectual.
“Las 100 vistas del Monte Interior" es una obra maestra
pintada por un poeta secreto y escrita por un pintor ejemplar. Trabajo
global rigurosamente sobrio y con un estilo exquisito en cuanto
a la búsqueda, expresión y comunicación de
la extrema belleza. Cántico silencioso de la más fértil
y espiritual serenidad. Quietud activa, íntima inquietud.
Oscuro espacio iluminado por el misterio que es la realidad de la
idea. El color como manos de una luz interior.
Su propuesta es una profunda investigación de lo axial a
favor de la rehumanización de un mundo desequilibrado, embrutecido,
hacia la tolerancia –más: la atracción–
entre Naturaleza y Arte, hacia la armonía presencial de las
fuerzas y debilidades opuestas, como si aún fuera posible
reconstruir la conciencia abatida por sus propias ruinas y evitar
que nuestra civilización se desmorone definitivamente al
considerar necesario todo lo superfluo por haber estimado superfluo
todo lo necesario.
Nos encontramos ante lo inefable –tan feliz como dramático–
de un acontecimiento histórico: la constatación de
que una obra de arte que no muera cuesta una vida.
Madrid, 2006
VICENTE PASCUAL, SOBRE
EL VOLCÁN Antón Castro
Llegó ayer a Huesca un proyecto insólito, elaborado
con la llama viva del volcán y a la vez desde una calma casi
quietista o zen. Llegaba ayer a Huesca, al CDAN, una exposición
y un libro: “Las 100 vistas del Monte Interior” (DGA,
CDAN y Olifante, 2006), cuyo autor es Vicente Pascual Rodrigo (Zaragoza,
1955), un pintor que Aragón ha recuperado de manera definitiva
en 2003, tras residir varios años en Mallorca y en Estados
Unidos. Vicente Pascual formó desde 1970 a 1989 el grupo
La Hermandad Pictórica con su hermano Ángel Pascual,
y juntos desarrollaron en un inicio una pintura de eco social, cargada
de ironía y próxima al cartelismo, que coincidía
con algunos planteamientos estéticos del Equipo Crónica,
del Equipo Realidad y de determinados momentos de Eduardo Arroyo.
Luego, bajo el influjo de la pintura de Caspar David Friedrich y
de un numen claramente oriental, desarrollaron una pintura llena
de luz, de delicadeza, de color, que alcanzó en el paisaje
su mayor grado de pureza y belleza. Ambos evolucionaron de forma
diferente: Vicente se trasladó a Estados Unidos, donde residió
casi quince años, y modificó su estética. Frente
al brillo, a la suntuosidad y a la anécdota, optó
por una nueva línea más sobria, despojada y sin relato.
Vicente había cambiado, percibió el impacto de las
culturas chinas y japonesas, y quiero hablar no sólo de arte,
sino de pensamiento, de poesía, de textos un tanto fronterizos
que cabalgan entre el lirismo, la alegoría y el aforismo.
En 2003, Vicente y su ángel tutelar Ana Marquina se instalaron
en Tarazona, ante ese monte ventoso, ese monte legendario que se
corona de nieve y de melancolía desde inicios del otoño,
el Moncayo que cantaron el marqués de Santillana, Machado
o Bécquer.
Y allí, paseando, soñando, pugnando con una enfermedad
terrible ante la que demuestra un pundonor y una fe en la vida absolutamente
admirables, allí, al cobijo del Moncayo, Vicente Pascual
Rodrigo emprendió este curioso proyecto: “Las 100 visitas
del Monte Interior”, que es un homenaje y un acercamiento
a “Las 100 Vistas del Monte Fuji”, que realizó
el maestro del Ukiyo-e Katsushika Hokusai entre 1834 y 1840 en xilografías
de 23 por 16 centímetros, creador que tras realizar otro
tipo de trabajos acabó sus días loco. De ahí
que Vicente Pascual haya colocado esta nota: “En recuerdo
de los antiguos locos” Aquel trabajo de Hokusai era un “reflejo
del centro inmóvil, como una paradigmática manifestación
exterior del eje interior, una nítida expresión material
de un modelo situado en el mundo de los arquetipos”. El trabajo
de Vicente Pascual es aún más austero: aborda un volcán
interior que se expresa a través del máximo rigor
de la geometría. Rigor, simetría, exactitud y orden
son algunas palabras que encajan en este libro y en esta exposición
que puede leerse y verse como un diario iniciático, como
una búsqueda.
Vicente Pascual dice que no ha pensado tanto en el posible espectador
como en su propio provecho, en su fogosa intimidad, en el frío
pálpito de su cerebro que piensa y sueña. No busca
el entretenimiento, ni el brillo ni el artificio, sino una desnudez
radical, casi taoísta o hindú. El artista está
en todo y lo es todo en esta muestra. El artista se siente un místico,
un creador que busca la iluminación más decisiva,
que se sabe en camino hacia las “más elevadas Verdades”.
Utiliza sólo dos colores en sus obras de 12 x 12 centímetros:
un color negro, casi ahumado, y un óxido cálido que
bien podría remitir a la pintura rupestre, a la memoria sedimentada
de los pintores de las cavernas. Vicente Pascual reflexiona sobre
la dicotomía del existir: el ser o no ser, la vida y la muerte,
lo efímero y lo inmutable. Y además, añade
poesía de su cosecha, vinculada a Rumi o a Keats, pongamos
por caso, poesía metafísica, sensual, poesía
sobre la naturaleza excitada por la melodía de las estaciones
y de las ideas.
Heraldo de Aragón, Zaragoza, 17/11/2006
VUELTA DE TUERCA José Antonio Labordeta
Para interiorizar este mes, para buscar la tranquilidad que la zozobra
del fin de año próximo nos produce, tengo en mi mesa
de trabajo el libro ideal: Las 100 vistas del Monte Interior, autor
Vicente Pascual que dedica estas imágenes y estos poemas,
que encierra el libro, al recuerdo de los antiguos locos.
Es un homenaje a un viejo grabador japonés y es una combinación
de palabra y paisaje aunque sabiendo que lo que en él se
contiene es "áspero y monótono".
Y ahí está la maravilla de este libro que con unas
imágenes "crudas", de humo de chimenea, acompañan
textos que dicen cosas como estas:
"Estoy cansado. He visto mucho. Sabiendo como sabía
que lo que será ya ha sido".
Y en la tarde novembrina, las palabras de un hombre joven, como
Vicente Pascual, te arrempujan aún mas a la soledad de los
que andamos metidos en el berenjenal inútil de las glorias
efímeras y carcomidas.
Vicente es paisano, vive ahí al lado y en tiempos, quizás
de los antiguos locos, con su hermano formaron la Hermandad Pictórica
aragonesa. Tengo un cuadro de ellos en donde en primer plano aparece
el indio Jerónimo y, sentado en las praderas, se sitúa
a Louis Amstrong con su trompeta. Eran tiempos tan solo para locos,
para los que creían que el mundo iba a girar en redondo y
no convulsionado.
Fueron tiempos maravillosos donde la melancolía estaba tan
sólo a la puerta de los viejos billares de la calle de la
Libertad.
"Ahora calla. Quédate en silencio, no hables más.
De no ser recordando".
Con esta sabiduría acaba el libro, se cierra el texto porque
aun queda una pequeña imagen, casi una filigrana, para quedarte
con el recuerdo.
Cuando al año que viene abra páginas de mi nueva agenda
procuraré seguir el consejo de Vicente y guardaré
el máximo silencio respetando solo los recuerdos. A mi edad
es ya lo único que me queda para fortalecer días novembrinos
repletos de melancolía.
El Periódico de Aragón, 3/12/2006
LAS 100 VISTAS DEL MONTE INTERIOR. Un libro
de Vicente Pascual. Alejandro Ratia
Este pequeño libro de Vicente Pascual es uno de los más
bellos objetos que se han editado en Aragón últimamente.
Su pequeñez, e incluso modestia, es algo buscado. También
son pequeñas las pinturas sobre papel que en él se
reproducen (12x12 cm), y que pueden verse por unos días en
el CDAN de Huesca, en una exposición que va a ser muy breve
en cuanto a duración.
El libro de Vicente Pascual alterna unos breves poemas aforísticos,
de dos o tres líneas casi siempre, pocas veces más
largos, y unas pinturas hechas con los dos únicos colores
con los que viene trabajando desde hace seis años: “un
negro, como de humo, y un óxido claro” –tal como
él las describe en el impagable prólogo del libro.
El título rememora otro de Hokusai, el autor de estampas
japonés del XIX, que realizara la mítica serie de
100 vistas del monte Fuji. Los dibujos de Vicente Pascual son, en
realidad 101. El último, sin cifra, es algo parecido a un
broche que cierra un periplo circular, con ánimo de eternidad.
Tanto los motivos simbólicos de las pequeñas pinturas,
elementales pero devotamente elaborados, como los textos desean
un sintonía con las tradiciones antiguas, de presocráticos
y taoístas, pueblos nómadas y místicos sufíes.
Se trata de “los antiguos locos” a los que dedica su
libro el pintor aragonés, y con quienes, a contracorriente,
se identifica. Cito un ejemplo de esta vieja sabiduría que
no excluye el humor: “Del anciano justo/ que no sabía
ni cuándo era, / ni dónde, ni si era”.
Heraldo de Aragón, Zaragoza, 23/11/2006
VICENTE PASCUAL PRESENTA
SUS "100 VISTAS DEL MONTE INTERIOR" Mercedes
Pérez
El artista aragonés Vicente Pascual, cuya producción
pictórica ha estado íntimamente ligada a la naturaleza,
llega al CDAN, el Centro de Arte y Naturaleza de la Fundación
Beulas en Huesca con la exposición "Las 100 vistas del
Monte Interior. En recuerdo de los antiguos locos", que se
inaugura esta tarde a las 19.00 y que permanecerá abierta
hasta el próximo día 28.
La muestra se compone de una serie de 100 obras sobre papel, de
pequeño formato 12 x 12 cm. a sólo dos colores: negro
y óxido, realizadas con tinta sumi y un óxido de quinacridona.
Se trata de unos trabajos que Pascual empezó haciendo de
forma independiente hasta que vio "que entre ellos tenían
una coherencia, que se podía establecer una sucesión",
explicó ayer mientras se instalaba la exposición.
El proyecto fue aumentando conforme el artista daba nombre a sus
creaciones. "Los títulos empezaron a crecer y dieron
lugar a poemas, cosa que nunca había hecho. Y pasó
lo mismo con los poemas que con la pintura, por una parte son independientes,
pero por otra, forman parte de una gran poesía". Así
se ha configurado el libro que acompaña la exposición
y que ha editado el Gobierno de Aragón en colaboración
con Olifante y el CDAN.
El trabajo del artista aragonés, que desde 2003 tiene su
estudio en la provincia de Zaragoza tras su estancia norteamericana,
es una paráfrasis de "Las cien vistas del Monte Fuji",
del grabador japonés del siglo XIX Hokusai, del que se confiesa
admirador y al que ha querido rendir homenaje.
"El trabajo de Hokusai tiene mucho interés. Recogió
escenas en las que se plasmaba la homogeneidad de la civilización
japonesa que estaba próxima a desaparecer, porque los americanos
en los años 60 del siglo XIX obligaron a Japón participar
en el mercado internacional, lo que destruyó en gran medida
y con una rapidez muy grande esa civilización. Hokusai coronó
cada una de esas escenas de actividades humanas con una representación
del Monte Fuji como una paradigmática manifestación
exterior del eje interior. Esas actividades cobran sentido precisamente
por su vinculación con ese centro -el Fuji- en el que la
tierra toca el cielo", explicó Pascual. "Esta idea
me pareció muy bonita y pensé en el monte interior
y cómo todo trabajo puede favorecer esa especie de ascensión,
de conocerse a sí mismo. Son meditaciones sobre el debilitamiento
de la salud, la vida y la muerte, el discernimiento y el amor".
El artista, que se define como un hombre de cultura occidental y
educación moderna, asegura que no puede pretender hacer una
"obra antigua, aunque sí buscar lo que buscaron los
antiguos". Así, se centra en "lo que es atemporal"
frente a lo contemporáneo, "que ya indica que está
viviendo en su tiempo, mientras que lo atemporáneo no está
condicionado ni por el deseo de novedad ni por el mercado, y necesariamente
siempre será contemporáneo".
Al hilo de esta argumentación explicó que cuando uno
contempla "una caligrafía islámica o una pintura
taoísta no piensa en que está ante una obra de tal
momento determinado, sino que salimos del tiempo y penetramos en
lo eterno, mientras que si miramos una pintura de Warhol vemos el
producto de un individuo ingenioso del siglo XX, bien hecho, pero
no atemporal. Y eso no me interesa". Así explicó
por qué la obra de esta exposición está reducida
a lo mas simple: formas geométricas y dos colores.
Heraldo de Aragón, Huesca, 17/11/2006
PINTURA
Y POESÍA SE MEZCLAN EN EL CDAN DE LA MANO DE VICENTE PASCUAL Javier Delgado
El CDAN inauguró ayer tarde la nueva exposición del
artista Vicente Pascual, “Las 100 vistas del monte interior,
en recuerdo de los antiguos locos”, que viene acompañada
de un libro homónimo en el que se recogen sus obras de pequeño
formato acompañadas de breves poemas. Más de un centenar
de personas se acercó al centro para conocer un proyecto
que fue calificado unánimemente como “original y sorprendente”.
El CDAN ofrece desde ayer y hasta el próximo día 28
“Las 100 vistas del monte interior, en recuerdo de los antiguos
locos” que el artista Vicente Pascual (Zaragoza, 1955) ha
plasmado en negro y óxido sobre distintos tipos de papel
de 12x12 centímetros. Una colección sorprendente que,
además, viene de la mano de un libro homónimo en el
que sus pinturas de pequeño formato dan lugar a breves poemas,
en lo que constituye la primera incursión literaria de Pascual.
Tanto la exposición de los cuadros como el volumen, editado
por el Gobierno de Aragón en colaboración con la editorial
Olifante y con el CDAN, se presentaron ayer tarde en un acto al
que asistieron más de cien personas, entre las que se encontraban
autoridades (en representación del Ejecutivo autonómico
asistió Juan José Vázquez, viceconsejero de
Cultura), personajes del mundo de la cultura, amigos personales
del autor y numerosos aficionados al arte. Tampoco faltaron el pintor
José Beulas y su esposa, María Sarrate.
La directora del CDAN, Teresa Luesma, explicó que el acto,
que se celebró en el vestíbulo del edificio, no era
“una inauguración al uso, sino más bien la presentación
de un libro que aúna poesía y pintura”.
Isabel Ara. Diario del Alto Aragón, 18 de Noviembre de 2006
DEL ARTE Y DEL AMOR / Vicente Pascual
El pasado día 17 se presentó en la Fundación
Beulas/CEDAN de Huesca un libro de poemas y pinturas de Vicente
Pascual Rodrigo. Querría dejar constancia del momento mágico
e irrepetible que vivimos allí: una verdadera celebración
colectiva del Arte y del Amor. Trinidad Ruiz, editora de Olifante,
brillaba bajo las luces que hacían destacarse los rasgos
ascéticos de un Beulas origen y anfitrión. Teresa
Luesma, directora del Centro, dibujó la elegancia de ese
templo de la elegancia en el que se desarrolló el acto. Ángel
Guinda tuvo palabras de largo aliento acompañadas con esa
gestualidad propia que transmite tan generosamente su personal entrega,
su propia pasión. Vicente Pascual, desapareciendo más
que nunca entre luces, reflejos y flashes, se difuminaba y se diluía
en el espacio blanco mientras daba la bienvenida desde la sobriedad
dulcísimo que un cáncer ha ido educando en su interior
de la mano de Ana, su sin par compañera en el placer y en
la aflicción. Acudieron artistas y amigos de Huesca, Zaragoza,
Barcelona y Madrid: “Las 100 vistas del Monte Interior”,
libro poético de un sabio pintor místico, había
desplegado su intenso poder de imantación. Y allí
estábamos, “por el amor y por el deber reunidos”,
como expresara Neruda. Chus Tutelilla, Comisaria de la Exposición,
paseaba su grácil belleza negra entre aquellas blancuras
y Juanjo Vázquez, tras sus gafas más oficiales, oficiaba
oficialmente de Viceconsejero de Cultura del Gobierno de Aragón.
¡Fue todo tan poético, tan sincero y tan feliz! En
medio de una viña iluminada para orientar marcianos que hubieran
perdido el rumbo, el falansterio del CDAN ardía. Se hizo
completamente de noche mientras sucedió todo, pero las blancas
laberínticas paredes que homenajean eternamente a Beulas
tenían la tersura y el espesor de los sueños a la
hora justa del amanecer.
Artes y Letras. Heraldo de Aragón,
23/11/2006
PINTURA Y POESÍA
SE MEZCLAN EN EL CDAN DE LA MANO DE VICENTE PASCUAL Ayer se presentaron
los cuadros y el libro “Las 100 vistas del Monte Interior” Isabel
Ara
El CDAN inauguró
ayer tarde la nueva exposición del artista zaragozano Vicente
Pascual, “Las 100 vistas del Monte Interior”, en recuerdo
de los antiguos locos, que viene acompañada de un libro homónimo
en el que se recogen sus obras de pequeño formato junto a
breves poemas. Más de un centenar de personas se acercó
al centro para conocer un proyecto que fue calificado unánimemente
como “original y sorprendente”.
El CDAN ofrece desde ayer y hasta el próximo día 28
“Las 100 vistas del Monte Interior”, en recuerdo de
los antiguos locos, que el artista Vicente Pascual (Zaragoza, 1955)
ha plasmado en negro y óxido sobre distintos tipos de papel
de 12 x 12 centímetros. Una colección sorprendente
que, además, viene de la mano de un libro homónimo
en el que sus pinturas de pequeño formato dan lugar a breves
poemas, lo que constituye la primera incursión literaria
de Vicente Pascual.
Tanto la exposición de los cuadros como el volumen, editado
por el Gobierno de Aragón en colaboración con la Editorial
Olifante y con el CDAN, se presentaron ayer tarde en un acto al
que asistieron más de cien personas, entre las que se encontraban
autoridades (en representación del Ejecutivo Autonómico
asistió Juan José Vázquez, Viceconsejero de
Cultura), personajes del mundo de la cultura, amigos personales
del autor y numerosos aficionados al arte. Tampoco faltaron el pintor
José Beulas y su esposa, María Sarrate.
La directora del CDAN, Teresa Luesma, explicó que el acto,
que se celebró en el vestíbulo del edificio, no era
“una inauguración al uso, sino más bien la presentación
de un libro que aúna poesía y pintura”.
A continuación, tomó la palabra el poeta Ángel
Guinda, amigo de Pascual, cuyo nuevo proyecto, gestado a lo largo
del último año al abrigo de la Sierra del Moncayo,
definió con este juego de palabras: “Una obra maestra
pintada por un poeta secreto y escrita por un pintor ejemplar”.
Guinda, que confesó que la de ayer era su primera visita
al CDAN, remarcó la importancia de presentar en sociedad
este libro en un lugar tan significativo como ése, muy vinculado
a la naturaleza, al igual que lo ha estado la obra de Vicente Pascual
a lo largo de toda su trayectoria.
El poeta no ahorró en alabanzas y parabienes hacia su amigo,
del que dijo que es “uno de los grandes artistas aragoneses
del siglo XX y de entresiglos” y hacia la primera experiencia
de éste como escritor: “Se trata de una joya literaria
y artística en todos los sentidos, con una poesía
sorprendente y originalísima”. “Este libro es
un abrazo simbiótico entre la poesía y la pintura,
que se enriquecen mutuamente, y tiene la grandeza de ser un paradigma
de la tautología, que consiste en repetir de diferentes maneras
un pensamiento, un sentimiento, un deseo”.
Pero no sólo ensalzó su calidad artística,
sino también sus cualidades personales: “Tiene la sencillez
y humildad de los más grandes, de los más sabios”.
“En él y en su obra, lo importante no es el parecer,
sino que predomina la autenticidad, el ser verdadero comprometido
al límite en cada una de sus obras”, dijo.
Por su parte, el protagonista de la jornada, que en su última
colección ha querido hacer un homenaje al grabador japonés
Hokusai, fue muy parco en palabras ya que “me da mucha vergüenza
hablar en público”, reconoció. Así, dejó
que su obra hablara por él y todos los presentes pudieron
contemplar por fin las 100 vistas totalmente geométricas
de Vicente Pascual.
Diario del Alto Aragón, Huesca 18/11/2006
SUBIDA AL MONTE INTERIOR Juan
Domínguez Lasierra.
Da mucho respeto hablar de este libro, el
mismo que produce entrar en él y circular por sus páginas,
lo que hay que hacer pausadamente, en silencio, en abandono del
mundo externo. Porque introducirse en “Las100 vistas del Monte
Interior” es como hacerlo en un recinto sagrado, en un templo
sapiencial nunca hollado por inarmonía alguna, un santuario
de equilibrio y la simetría, es decir, de la perfección.
Entrar en el Paraíso.
Allí, en el pórtico, nos recibe, como no, el mismo
Dante, en “il punto a cui tutti li tempi son presenti”.
Al fondo, como una nueva transparencia, como un nuevo Virgilio que
guía nuestros pasos, está Katsushika Hokusai, el gran
maestro del Ukiyo-e, el creador de esa leyenda del paisajismo japonés,
el “Fugaku Hyakke” (“Las 100 vistas del Monte
Fuji”).
Vicente Pascual, atraído siempre por Oriente y ejerciendo
una suerte de personal sintoísmo, es quien ha hecho posible
esta ascesis, ese palimpsesto que es su “Monte Interior”:
presocráticos, neoplatónicos, taoístas, budistas,
hinduistas, sufíes, místicos españoles, indios
americanos o simbolistas ingleses le acompñan. “hokusai
recuerda al peregrino interior, a aquel que desea ascender hasta
ese punto donde el Cielo toca la Tierra”, y aunque Vicente
no quiere ser confundido con un guía hacia esa cumbre, ayuda
a descubrir la puerta de la ascensión. Como un maestro zen,
nos cuenta una historia: Un emperador de China quiso que un viejo
pintor retirado en el monte formase parte de su corte para darle
prestigio. Se negó el artistas y el emperador lo condeno
a morir. Pidió un deseo, que le fue concedido: hacer una
última pintura. Pintó las montañas que veía
en el horizonte, empezando por la más alejada, la mayor.
Pintó un riachuelo que bajaba de la montaña y un sendero
que ascendía. En primer plano dibujó una valla y en
la valla dibujó una puerta y or ella se fue sendero arriba.
Imagino a Vicente como ese pintor, abriendo esa puerta y subiendo
el sendero de su monte interior. Y lo veo, en su ascenso, como el
mismo monte Fuji, con su “poderosa mansedumbre” y su
“noble firmeza”.
Heraldo de Aragón, Zaragoza, 22/12/2006
QUIETUD Toni Losantos
Contemplando estos días la infinita
quietud de los paisajes he vuelto a un libro de Vicente Pascual
que salió de imprenta hacia el otoño y al que yo quería
haber dedicado uno de estos faldones. Ha llegado el momento. El
libro, de pequeño formato, es un regalo para los ojos, pues
está compuesto por un centenar de pinturas de 12x12 cm, geométricas
variaciones en óxido y negro («como de humo»)
a las que acompañan las palabras del pintor, metido aquí
a poeta. Se titula Las cien vistas del monte interior y homenajea
a Las cien vistas del monte Fuji, de Katsushika Hokusai, serie de
xilografías publicada entre 1836 y 1840.
El zaragozano fija sus ojos, su pincel y su pluma en el Moncayo,
mole quieta y ventosa que de siempre inspiró a los escritores.
La nívea quietud de estos días en nuestros altos,
el silencio de los bosques y la sostenida blancura de los páramos,
me han recordado la trémula monotonía de las estampas
de Pascual, que hojeando el libro en el quietismo del invierno son
todas iguales y todas distintas. Hay otro libro, un libro inmenso,
vivo y quieto, al pie de cualquiera de esos montes que nos rodean,
nevados por fin.
Me he asomado a los que he podido: la pradera solemne de San Pablo,
sobre Camarena, desde donde Teruel, entre tanto blancor, apenas
interrumpe el paisaje; el vértigo gótico de la Peña
de la Cruz, cuando las espectrales siluetas del rodeno parecen disfrazadas
de jirones de lino, como bailarinas quietas; la aguja de Castelfrío,
que mira al norte pasmado de Campo Visiedo y el Alto Jiloca, hasta
Peña Palomera y San Ginés. Un libro abierto, del tamaño
de la realidad –como aquel plano del relato de Borges, que
tenía la misma dimensión del reino–. Un libro
en el que se puede leer sin esfuerzo la desolación de la
provincia, su latido mudo y helado. Abajo queda, quieto como un
animal herido, el Muletón. En días como este fue pólvora
y fue sangre, pero es ahora una mancha blanca y sedente. Susurra
lo que Vicente Pascual: «Estoy cansado, he visto mucho».
Diario de Teruel, Metrópolis, 30/12/2007

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