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Comentarios sobre el libro de Vicente Pascual
"Las 100 vistas del Monte Interior, en recuerdo de los antiguos locos"

Ángel Guinda / Antón Castro / José Antonio Labordeta / Alejandro Ratia / Mercedes Pérez / Javier Delgado / Isabel Ara / Juan Domínguez Lasierra / Toni Losantos





EL LUJO DE LA SOBRIEDAD Ángel Guinda

Apenas cuarenta años después de que Edward Kienholz acuñase el término arte conceptual y Sol LeWitt realizase la primera tesis teórica del movimiento, Vicente Pascual nos ofrece el regalo más esperado para bien de los ojos, de la inteligencia, de la sensibilidad, de la cultura. Y lo hace tras haberse atrevido, durante su creciente y perfeccionista trayectoria, a rajar el espacio (y el tiempo) para ver más allá.
Tras superar el aspecto lingüístico-tautológico del conceptualismo apartándose del objeto, asimilada cierta forma de realización fáctica o mental respecto a la imagen y a la percepción, su evolución plástica opta por la tendencia mística vinculada al pensamiento platónico y a determinados procesos de iniciación de máximo subjetivismo existencial y complicidad con la objetividad intelectual.
“Las 100 vistas del Monte Interior" es una obra maestra pintada por un poeta secreto y escrita por un pintor ejemplar. Trabajo global rigurosamente sobrio y con un estilo exquisito en cuanto a la búsqueda, expresión y comunicación de la extrema belleza. Cántico silencioso de la más fértil y espiritual serenidad. Quietud activa, íntima inquietud. Oscuro espacio iluminado por el misterio que es la realidad de la idea. El color como manos de una luz interior.
Su propuesta es una profunda investigación de lo axial a favor de la rehumanización de un mundo desequilibrado, embrutecido, hacia la tolerancia –más: la atracción– entre Naturaleza y Arte, hacia la armonía presencial de las fuerzas y debilidades opuestas, como si aún fuera posible reconstruir la conciencia abatida por sus propias ruinas y evitar que nuestra civilización se desmorone definitivamente al considerar necesario todo lo superfluo por haber estimado superfluo todo lo necesario.
Nos encontramos ante lo inefable –tan feliz como dramático– de un acontecimiento histórico: la constatación de que una obra de arte que no muera cuesta una vida.
Madrid, 2006


VICENTE PASCUAL, SOBRE EL VOLCÁN Antón Castro

Llegó ayer a Huesca un proyecto insólito, elaborado con la llama viva del volcán y a la vez desde una calma casi quietista o zen. Llegaba ayer a Huesca, al CDAN, una exposición y un libro: “Las 100 vistas del Monte Interior” (DGA, CDAN y Olifante, 2006), cuyo autor es Vicente Pascual Rodrigo (Zaragoza, 1955), un pintor que Aragón ha recuperado de manera definitiva en 2003, tras residir varios años en Mallorca y en Estados Unidos. Vicente Pascual formó desde 1970 a 1989 el grupo La Hermandad Pictórica con su hermano Ángel Pascual, y juntos desarrollaron en un inicio una pintura de eco social, cargada de ironía y próxima al cartelismo, que coincidía con algunos planteamientos estéticos del Equipo Crónica, del Equipo Realidad y de determinados momentos de Eduardo Arroyo. Luego, bajo el influjo de la pintura de Caspar David Friedrich y de un numen claramente oriental, desarrollaron una pintura llena de luz, de delicadeza, de color, que alcanzó en el paisaje su mayor grado de pureza y belleza. Ambos evolucionaron de forma diferente: Vicente se trasladó a Estados Unidos, donde residió casi quince años, y modificó su estética. Frente al brillo, a la suntuosidad y a la anécdota, optó por una nueva línea más sobria, despojada y sin relato. Vicente había cambiado, percibió el impacto de las culturas chinas y japonesas, y quiero hablar no sólo de arte, sino de pensamiento, de poesía, de textos un tanto fronterizos que cabalgan entre el lirismo, la alegoría y el aforismo.
En 2003, Vicente y su ángel tutelar Ana Marquina se instalaron en Tarazona, ante ese monte ventoso, ese monte legendario que se corona de nieve y de melancolía desde inicios del otoño, el Moncayo que cantaron el marqués de Santillana, Machado o Bécquer.
Y allí, paseando, soñando, pugnando con una enfermedad terrible ante la que demuestra un pundonor y una fe en la vida absolutamente admirables, allí, al cobijo del Moncayo, Vicente Pascual Rodrigo emprendió este curioso proyecto: “Las 100 visitas del Monte Interior”, que es un homenaje y un acercamiento a “Las 100 Vistas del Monte Fuji”, que realizó el maestro del Ukiyo-e Katsushika Hokusai entre 1834 y 1840 en xilografías de 23 por 16 centímetros, creador que tras realizar otro tipo de trabajos acabó sus días loco. De ahí que Vicente Pascual haya colocado esta nota: “En recuerdo de los antiguos locos” Aquel trabajo de Hokusai era un “reflejo del centro inmóvil, como una paradigmática manifestación exterior del eje interior, una nítida expresión material de un modelo situado en el mundo de los arquetipos”. El trabajo de Vicente Pascual es aún más austero: aborda un volcán interior que se expresa a través del máximo rigor de la geometría. Rigor, simetría, exactitud y orden son algunas palabras que encajan en este libro y en esta exposición que puede leerse y verse como un diario iniciático, como una búsqueda.
Vicente Pascual dice que no ha pensado tanto en el posible espectador como en su propio provecho, en su fogosa intimidad, en el frío pálpito de su cerebro que piensa y sueña. No busca el entretenimiento, ni el brillo ni el artificio, sino una desnudez radical, casi taoísta o hindú. El artista está en todo y lo es todo en esta muestra. El artista se siente un místico, un creador que busca la iluminación más decisiva, que se sabe en camino hacia las “más elevadas Verdades”. Utiliza sólo dos colores en sus obras de 12 x 12 centímetros: un color negro, casi ahumado, y un óxido cálido que bien podría remitir a la pintura rupestre, a la memoria sedimentada de los pintores de las cavernas. Vicente Pascual reflexiona sobre la dicotomía del existir: el ser o no ser, la vida y la muerte, lo efímero y lo inmutable. Y además, añade poesía de su cosecha, vinculada a Rumi o a Keats, pongamos por caso, poesía metafísica, sensual, poesía sobre la naturaleza excitada por la melodía de las estaciones y de las ideas.
Heraldo de Aragón, Zaragoza, 17/11/2006


VUELTA DE TUERCA José Antonio Labordeta

Para interiorizar este mes, para buscar la tranquilidad que la zozobra del fin de año próximo nos produce, tengo en mi mesa de trabajo el libro ideal: Las 100 vistas del Monte Interior, autor Vicente Pascual que dedica estas imágenes y estos poemas, que encierra el libro, al recuerdo de los antiguos locos.
Es un homenaje a un viejo grabador japonés y es una combinación de palabra y paisaje aunque sabiendo que lo que en él se contiene es "áspero y monótono".
Y ahí está la maravilla de este libro que con unas imágenes "crudas", de humo de chimenea, acompañan textos que dicen cosas como estas:
"Estoy cansado. He visto mucho. Sabiendo como sabía que lo que será ya ha sido".
Y en la tarde novembrina, las palabras de un hombre joven, como Vicente Pascual, te arrempujan aún mas a la soledad de los que andamos metidos en el berenjenal inútil de las glorias efímeras y carcomidas.
Vicente es paisano, vive ahí al lado y en tiempos, quizás de los antiguos locos, con su hermano formaron la Hermandad Pictórica aragonesa. Tengo un cuadro de ellos en donde en primer plano aparece el indio Jerónimo y, sentado en las praderas, se sitúa a Louis Amstrong con su trompeta. Eran tiempos tan solo para locos, para los que creían que el mundo iba a girar en redondo y no convulsionado.
Fueron tiempos maravillosos donde la melancolía estaba tan sólo a la puerta de los viejos billares de la calle de la Libertad.
"Ahora calla. Quédate en silencio, no hables más. De no ser recordando".
Con esta sabiduría acaba el libro, se cierra el texto porque aun queda una pequeña imagen, casi una filigrana, para quedarte con el recuerdo.
Cuando al año que viene abra páginas de mi nueva agenda procuraré seguir el consejo de Vicente y guardaré el máximo silencio respetando solo los recuerdos. A mi edad es ya lo único que me queda para fortalecer días novembrinos repletos de melancolía.
El Periódico de Aragón, 3/12/2006


LAS 100 VISTAS DEL MONTE INTERIOR. Un libro de Vicente Pascual.
Alejandro Ratia

Este pequeño libro de Vicente Pascual es uno de los más bellos objetos que se han editado en Aragón últimamente. Su pequeñez, e incluso modestia, es algo buscado. También son pequeñas las pinturas sobre papel que en él se reproducen (12x12 cm), y que pueden verse por unos días en el CDAN de Huesca, en una exposición que va a ser muy breve en cuanto a duración.
El libro de Vicente Pascual alterna unos breves poemas aforísticos, de dos o tres líneas casi siempre, pocas veces más largos, y unas pinturas hechas con los dos únicos colores con los que viene trabajando desde hace seis años: “un negro, como de humo, y un óxido claro” –tal como él las describe en el impagable prólogo del libro.
El título rememora otro de Hokusai, el autor de estampas japonés del XIX, que realizara la mítica serie de 100 vistas del monte Fuji. Los dibujos de Vicente Pascual son, en realidad 101. El último, sin cifra, es algo parecido a un broche que cierra un periplo circular, con ánimo de eternidad. Tanto los motivos simbólicos de las pequeñas pinturas, elementales pero devotamente elaborados, como los textos desean un sintonía con las tradiciones antiguas, de presocráticos y taoístas, pueblos nómadas y místicos sufíes. Se trata de “los antiguos locos” a los que dedica su libro el pintor aragonés, y con quienes, a contracorriente, se identifica. Cito un ejemplo de esta vieja sabiduría que no excluye el humor: “Del anciano justo/ que no sabía ni cuándo era, / ni dónde, ni si era”.
Heraldo de Aragón, Zaragoza, 23/11/2006


VICENTE PASCUAL PRESENTA SUS "100 VISTAS DEL MONTE INTERIOR"
Mercedes Pérez

El artista aragonés Vicente Pascual, cuya producción pictórica ha estado íntimamente ligada a la naturaleza, llega al CDAN, el Centro de Arte y Naturaleza de la Fundación Beulas en Huesca con la exposición "Las 100 vistas del Monte Interior. En recuerdo de los antiguos locos", que se inaugura esta tarde a las 19.00 y que permanecerá abierta hasta el próximo día 28.
La muestra se compone de una serie de 100 obras sobre papel, de pequeño formato 12 x 12 cm. a sólo dos colores: negro y óxido, realizadas con tinta sumi y un óxido de quinacridona. Se trata de unos trabajos que Pascual empezó haciendo de forma independiente hasta que vio "que entre ellos tenían una coherencia, que se podía establecer una sucesión", explicó ayer mientras se instalaba la exposición.
El proyecto fue aumentando conforme el artista daba nombre a sus creaciones. "Los títulos empezaron a crecer y dieron lugar a poemas, cosa que nunca había hecho. Y pasó lo mismo con los poemas que con la pintura, por una parte son independientes, pero por otra, forman parte de una gran poesía". Así se ha configurado el libro que acompaña la exposición y que ha editado el Gobierno de Aragón en colaboración con Olifante y el CDAN.
El trabajo del artista aragonés, que desde 2003 tiene su estudio en la provincia de Zaragoza tras su estancia norteamericana, es una paráfrasis de "Las cien vistas del Monte Fuji", del grabador japonés del siglo XIX Hokusai, del que se confiesa admirador y al que ha querido rendir homenaje.
"El trabajo de Hokusai tiene mucho interés. Recogió escenas en las que se plasmaba la homogeneidad de la civilización japonesa que estaba próxima a desaparecer, porque los americanos en los años 60 del siglo XIX obligaron a Japón participar en el mercado internacional, lo que destruyó en gran medida y con una rapidez muy grande esa civilización. Hokusai coronó cada una de esas escenas de actividades humanas con una representación del Monte Fuji como una paradigmática manifestación exterior del eje interior. Esas actividades cobran sentido precisamente por su vinculación con ese centro -el Fuji- en el que la tierra toca el cielo", explicó Pascual. "Esta idea me pareció muy bonita y pensé en el monte interior y cómo todo trabajo puede favorecer esa especie de ascensión, de conocerse a sí mismo. Son meditaciones sobre el debilitamiento de la salud, la vida y la muerte, el discernimiento y el amor".
El artista, que se define como un hombre de cultura occidental y educación moderna, asegura que no puede pretender hacer una "obra antigua, aunque sí buscar lo que buscaron los antiguos". Así, se centra en "lo que es atemporal" frente a lo contemporáneo, "que ya indica que está viviendo en su tiempo, mientras que lo atemporáneo no está condicionado ni por el deseo de novedad ni por el mercado, y necesariamente siempre será contemporáneo".
Al hilo de esta argumentación explicó que cuando uno contempla "una caligrafía islámica o una pintura taoísta no piensa en que está ante una obra de tal momento determinado, sino que salimos del tiempo y penetramos en lo eterno, mientras que si miramos una pintura de Warhol vemos el producto de un individuo ingenioso del siglo XX, bien hecho, pero no atemporal. Y eso no me interesa". Así explicó por qué la obra de esta exposición está reducida a lo mas simple: formas geométricas y dos colores.
Heraldo de Aragón, Huesca, 17/11/2006


PINTURA Y POESÍA SE MEZCLAN EN EL CDAN DE LA MANO DE VICENTE PASCUAL Javier Delgado

El CDAN inauguró ayer tarde la nueva exposición del artista Vicente Pascual, “Las 100 vistas del monte interior, en recuerdo de los antiguos locos”, que viene acompañada de un libro homónimo en el que se recogen sus obras de pequeño formato acompañadas de breves poemas. Más de un centenar de personas se acercó al centro para conocer un proyecto que fue calificado unánimemente como “original y sorprendente”.
El CDAN ofrece desde ayer y hasta el próximo día 28 “Las 100 vistas del monte interior, en recuerdo de los antiguos locos” que el artista Vicente Pascual (Zaragoza, 1955) ha plasmado en negro y óxido sobre distintos tipos de papel de 12x12 centímetros. Una colección sorprendente que, además, viene de la mano de un libro homónimo en el que sus pinturas de pequeño formato dan lugar a breves poemas, en lo que constituye la primera incursión literaria de Pascual.
Tanto la exposición de los cuadros como el volumen, editado por el Gobierno de Aragón en colaboración con la editorial Olifante y con el CDAN, se presentaron ayer tarde en un acto al que asistieron más de cien personas, entre las que se encontraban autoridades (en representación del Ejecutivo autonómico asistió Juan José Vázquez, viceconsejero de Cultura), personajes del mundo de la cultura, amigos personales del autor y numerosos aficionados al arte. Tampoco faltaron el pintor José Beulas y su esposa, María Sarrate.
La directora del CDAN, Teresa Luesma, explicó que el acto, que se celebró en el vestíbulo del edificio, no era “una inauguración al uso, sino más bien la presentación de un libro que aúna poesía y pintura”.
Isabel Ara. Diario del Alto Aragón, 18 de Noviembre de 2006
DEL ARTE Y DEL AMOR / Vicente Pascual
El pasado día 17 se presentó en la Fundación Beulas/CEDAN de Huesca un libro de poemas y pinturas de Vicente Pascual Rodrigo. Querría dejar constancia del momento mágico e irrepetible que vivimos allí: una verdadera celebración colectiva del Arte y del Amor. Trinidad Ruiz, editora de Olifante, brillaba bajo las luces que hacían destacarse los rasgos ascéticos de un Beulas origen y anfitrión. Teresa Luesma, directora del Centro, dibujó la elegancia de ese templo de la elegancia en el que se desarrolló el acto. Ángel Guinda tuvo palabras de largo aliento acompañadas con esa gestualidad propia que transmite tan generosamente su personal entrega, su propia pasión. Vicente Pascual, desapareciendo más que nunca entre luces, reflejos y flashes, se difuminaba y se diluía en el espacio blanco mientras daba la bienvenida desde la sobriedad dulcísimo que un cáncer ha ido educando en su interior de la mano de Ana, su sin par compañera en el placer y en la aflicción. Acudieron artistas y amigos de Huesca, Zaragoza, Barcelona y Madrid: “Las 100 vistas del Monte Interior”, libro poético de un sabio pintor místico, había desplegado su intenso poder de imantación. Y allí estábamos, “por el amor y por el deber reunidos”, como expresara Neruda. Chus Tutelilla, Comisaria de la Exposición, paseaba su grácil belleza negra entre aquellas blancuras y Juanjo Vázquez, tras sus gafas más oficiales, oficiaba oficialmente de Viceconsejero de Cultura del Gobierno de Aragón. ¡Fue todo tan poético, tan sincero y tan feliz! En medio de una viña iluminada para orientar marcianos que hubieran perdido el rumbo, el falansterio del CDAN ardía. Se hizo completamente de noche mientras sucedió todo, pero las blancas laberínticas paredes que homenajean eternamente a Beulas tenían la tersura y el espesor de los sueños a la hora justa del amanecer.
Artes y Letras. Heraldo de Aragón, 23/11/2006


PINTURA Y POESÍA SE MEZCLAN EN EL CDAN DE LA MANO DE VICENTE PASCUAL Ayer se presentaron los cuadros y el libro “Las 100 vistas del Monte Interior”
Isabel Ara

El CDAN inauguró ayer tarde la nueva exposición del artista zaragozano Vicente Pascual, “Las 100 vistas del Monte Interior”, en recuerdo de los antiguos locos, que viene acompañada de un libro homónimo en el que se recogen sus obras de pequeño formato junto a breves poemas. Más de un centenar de personas se acercó al centro para conocer un proyecto que fue calificado unánimemente como “original y sorprendente”.
El CDAN ofrece desde ayer y hasta el próximo día 28 “Las 100 vistas del Monte Interior”, en recuerdo de los antiguos locos, que el artista Vicente Pascual (Zaragoza, 1955) ha plasmado en negro y óxido sobre distintos tipos de papel de 12 x 12 centímetros. Una colección sorprendente que, además, viene de la mano de un libro homónimo en el que sus pinturas de pequeño formato dan lugar a breves poemas, lo que constituye la primera incursión literaria de Vicente Pascual.
Tanto la exposición de los cuadros como el volumen, editado por el Gobierno de Aragón en colaboración con la Editorial Olifante y con el CDAN, se presentaron ayer tarde en un acto al que asistieron más de cien personas, entre las que se encontraban autoridades (en representación del Ejecutivo Autonómico asistió Juan José Vázquez, Viceconsejero de Cultura), personajes del mundo de la cultura, amigos personales del autor y numerosos aficionados al arte. Tampoco faltaron el pintor José Beulas y su esposa, María Sarrate.
La directora del CDAN, Teresa Luesma, explicó que el acto, que se celebró en el vestíbulo del edificio, no era “una inauguración al uso, sino más bien la presentación de un libro que aúna poesía y pintura”.
A continuación, tomó la palabra el poeta Ángel Guinda, amigo de Pascual, cuyo nuevo proyecto, gestado a lo largo del último año al abrigo de la Sierra del Moncayo, definió con este juego de palabras: “Una obra maestra pintada por un poeta secreto y escrita por un pintor ejemplar”.
Guinda, que confesó que la de ayer era su primera visita al CDAN, remarcó la importancia de presentar en sociedad este libro en un lugar tan significativo como ése, muy vinculado a la naturaleza, al igual que lo ha estado la obra de Vicente Pascual a lo largo de toda su trayectoria.
El poeta no ahorró en alabanzas y parabienes hacia su amigo, del que dijo que es “uno de los grandes artistas aragoneses del siglo XX y de entresiglos” y hacia la primera experiencia de éste como escritor: “Se trata de una joya literaria y artística en todos los sentidos, con una poesía sorprendente y originalísima”. “Este libro es un abrazo simbiótico entre la poesía y la pintura, que se enriquecen mutuamente, y tiene la grandeza de ser un paradigma de la tautología, que consiste en repetir de diferentes maneras un pensamiento, un sentimiento, un deseo”.
Pero no sólo ensalzó su calidad artística, sino también sus cualidades personales: “Tiene la sencillez y humildad de los más grandes, de los más sabios”. “En él y en su obra, lo importante no es el parecer, sino que predomina la autenticidad, el ser verdadero comprometido al límite en cada una de sus obras”, dijo.
Por su parte, el protagonista de la jornada, que en su última colección ha querido hacer un homenaje al grabador japonés Hokusai, fue muy parco en palabras ya que “me da mucha vergüenza hablar en público”, reconoció. Así, dejó que su obra hablara por él y todos los presentes pudieron contemplar por fin las 100 vistas totalmente geométricas de Vicente Pascual.
Diario del Alto Aragón, Huesca 18/11/2006


SUBIDA AL MONTE INTERIOR Juan Domínguez Lasierra.
Da mucho respeto hablar de este libro, el mismo que produce entrar en él y circular por sus páginas, lo que hay que hacer pausadamente, en silencio, en abandono del mundo externo. Porque introducirse en “Las100 vistas del Monte Interior” es como hacerlo en un recinto sagrado, en un templo sapiencial nunca hollado por inarmonía alguna, un santuario de equilibrio y la simetría, es decir, de la perfección. Entrar en el Paraíso.
Allí, en el pórtico, nos recibe, como no, el mismo Dante, en “il punto a cui tutti li tempi son presenti”. Al fondo, como una nueva transparencia, como un nuevo Virgilio que guía nuestros pasos, está Katsushika Hokusai, el gran maestro del Ukiyo-e, el creador de esa leyenda del paisajismo japonés, el “Fugaku Hyakke” (“Las 100 vistas del Monte Fuji”).
Vicente Pascual, atraído siempre por Oriente y ejerciendo una suerte de personal sintoísmo, es quien ha hecho posible esta ascesis, ese palimpsesto que es su “Monte Interior”: presocráticos, neoplatónicos, taoístas, budistas, hinduistas, sufíes, místicos españoles, indios americanos o simbolistas ingleses le acompñan. “hokusai recuerda al peregrino interior, a aquel que desea ascender hasta ese punto donde el Cielo toca la Tierra”, y aunque Vicente no quiere ser confundido con un guía hacia esa cumbre, ayuda a descubrir la puerta de la ascensión. Como un maestro zen, nos cuenta una historia: Un emperador de China quiso que un viejo pintor retirado en el monte formase parte de su corte para darle prestigio. Se negó el artistas y el emperador lo condeno a morir. Pidió un deseo, que le fue concedido: hacer una última pintura. Pintó las montañas que veía en el horizonte, empezando por la más alejada, la mayor. Pintó un riachuelo que bajaba de la montaña y un sendero que ascendía. En primer plano dibujó una valla y en la valla dibujó una puerta y or ella se fue sendero arriba.
Imagino a Vicente como ese pintor, abriendo esa puerta y subiendo el sendero de su monte interior. Y lo veo, en su ascenso, como el mismo monte Fuji, con su “poderosa mansedumbre” y su “noble firmeza”.

Heraldo de Aragón, Zaragoza, 22/12/2006


QUIETUD Toni Losantos

Contemplando estos días la infinita quietud de los paisajes he vuelto a un libro de Vicente Pascual que salió de imprenta hacia el otoño y al que yo quería haber dedicado uno de estos faldones. Ha llegado el momento. El libro, de pequeño formato, es un regalo para los ojos, pues está compuesto por un centenar de pinturas de 12x12 cm, geométricas variaciones en óxido y negro («como de humo») a las que acompañan las palabras del pintor, metido aquí a poeta. Se titula Las cien vistas del monte interior y homenajea a Las cien vistas del monte Fuji, de Katsushika Hokusai, serie de xilografías publicada entre 1836 y 1840.
El zaragozano fija sus ojos, su pincel y su pluma en el Moncayo, mole quieta y ventosa que de siempre inspiró a los escritores. La nívea quietud de estos días en nuestros altos, el silencio de los bosques y la sostenida blancura de los páramos, me han recordado la trémula monotonía de las estampas de Pascual, que hojeando el libro en el quietismo del invierno son todas iguales y todas distintas. Hay otro libro, un libro inmenso, vivo y quieto, al pie de cualquiera de esos montes que nos rodean, nevados por fin.
Me he asomado a los que he podido: la pradera solemne de San Pablo, sobre Camarena, desde donde Teruel, entre tanto blancor, apenas interrumpe el paisaje; el vértigo gótico de la Peña de la Cruz, cuando las espectrales siluetas del rodeno parecen disfrazadas de jirones de lino, como bailarinas quietas; la aguja de Castelfrío, que mira al norte pasmado de Campo Visiedo y el Alto Jiloca, hasta Peña Palomera y San Ginés. Un libro abierto, del tamaño de la realidad –como aquel plano del relato de Borges, que tenía la misma dimensión del reino–. Un libro en el que se puede leer sin esfuerzo la desolación de la provincia, su latido mudo y helado. Abajo queda, quieto como un animal herido, el Muletón. En días como este fue pólvora y fue sangre, pero es ahora una mancha blanca y sedente. Susurra lo que Vicente Pascual: «Estoy cansado, he visto mucho».
Diario de Teruel, Metrópolis, 30/12/2007



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