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Texto de Vicente Pascual para el catálogo de su exposición
A la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada en la Galería
Pepe Rebollo, Zaragoza, 2007.
Buenos días. No sé, es como algo misterioso
lo que me lleva a recordar una y otra vez las más simples
formas, lo que me permite vivir su concepción y desarrollo
como si nunca antes lo hubiera hecho. ¿Será cierto
que las musas son hijas de Zeus y Memoria?
El misterio del círculo que es, a la vez, centro del que
todo parte y al que todo retorna, y totalidad protectora que todo
abarcando todo excluye. Que expande mi pecho, un ahora y un siempre
en el tiempo. Como ese firmamento que, mediante el sol, irradia
durante el día y que de noche se recoge en la luna. Ese
sol y esa luna que expresan lo que expresan y nos dicen ahora
es de día y ahora de noche. La música del silencio.
El misterio del cuadrado que nos muestra los confines: esas lindes
que limitan y sitúan, que dispensan estabilidad activa
donde no habría sino movilidad pasiva. Que manifiesta las
di-recciones en el interior y en el exterior, que da nombre a
la extensión y que permite el equilibrio. Ese huerto cerrado
en el que hasta el reposo reposa. Un aquí y un allende
en el espacio. El reflejo aquí perfecto de la la esfera
de allí arriba. El silencio de la música.
La forma crucial, en la que tiempo y espacio coinciden con no-tiempo
y no-espacio. Que hace patente lo velado, fertilizando lo que
encuentra, como aquellos regueros de los antiguos jardines. Que
es tierno amor y sabia muerte, que extingue al amado en la amada
y a ésta en aquél que la ama. Como esa noche de
las bodas, en que el pasado es venidero y el mañana ya
ha sido.
Y el triángulo en el que lo múltiple --lo que sube
y lo que baja, lo que va y lo que viene-- es ya sólo uno.
¿O es que a mí me lo parece?
Tanto rigor y tanta música. En la montaña, en el
valle junto al río, o extinguido en una cueva en compañía
de mi amada. Y las estrellas que se ríen.
Buenas noches mundo, buenas noches. Que yo, aquí, duermo
borracho.
Trasmoz. Marzo de
2007
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