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Poemas de Vicente Pascual Rodrigo de sus libros "a la Vida, a la Muerte y a mi Bienamada" (Olifante Ediciones de Poesía, 2008) y "Las 100 vistas del Monte Interior" (Olifante Ediciones de Poesía, 2006).

 

 

DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

¡Mirad, viene la lluvia, mirad!
Trae la vida, trae la vida.
¡Qué vergüenza, de mis llantos!
En la noche siempre clara.

Y que juntos andan siempre
la memoria y el olvido.

 

DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

A John Keats, en cuyo epitáfio mandó escribir:
"Here lies One Whose Name was writ in Water"

Quizás, no sé, yo que no sé,
aquel cuyo nombre
en el agua escribió,
salvó su mejor vida
por aquel tan solo acto.

Qué mis huesos se evaporen,
en el aire muy inmenso.
Qué mis carnes alimenten
muy menudas criaturas.

Y qué mi espíritu
muriendo encuentre
el sendero de retorno,
de retorno a ese lugar
del que, al nacer, ya fuí exiliado.

 

DE LA BIENAMADA

¿Ves, amada?
¿Ves las nubes cómo bajan?
Cómo visten aquel monte.

¿Ves su cima, que se eleva,
que se eleva sobre ellas?
¿Ves mi pecho dilatado?

¿Ves, amada, lo que ves?
Es el cielo en nuestra tierra
y la tierra en nuestro cielo.

 

DE LA VIDA

Dejadme callar, no sé que decir.
Que no hay nada
que no ignore
si es que oigo el buen silencio.

 

DE LA VIDA

Cierro aquí y ahora estos ojos
en la cueva murmurando.
Siento la brisa de oriente
bajo el frondoso ciruelo.

Cierro aquí y ahora los ojos,
bajo el árbol murmurando.
Y hay aromas que me envuelven,
sobre esta noble montaña.

Cierro esos ojos, ahora,
en el monte, murmurando.
Brisa y aromas ya no siento.
Es sólo él quien me susurra.

 

DE LA MUERTE

Cuando yo fui alumbrado
ya conmigo tú naciste.

¡Oh, mi muerte!

Esperando ese instante
en queriendo hurtar mi vida,
esperando ser en ella.

Cuánto querría yo ser
una muy leve humedad.

Que creciera en grandes nubes,
que muriera siendo lluvia.

Y entre vidas un descanso
dando vida, dando vida.

Y es que a mí se me parece
que con muerte viene vida.

¡Oh, mi muerte!

 

DE LA MUERTE

Apuremos la penumbra
para ver la oscuridad,
que ya pronto habrá otro día,
y la noche se me irá.

 

DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

No sé que decirte, noche,
cuando partes temerosa
expulsada por el día:
¿Buenas noches? ¿Buenos días?

Cómo darle buenos días
si ni un día ella ha vivido.
Sólo noches y más noches.
¿Cómo darle buenas noches?

Ay, te vas, amada noche.
Aún no hay sol y ya es el día.

Y esa brisa de aire leve,
que penetra por mis poros.
¿Es en ella que tú huyes?

¡Buenas noches tengas, noche!

 

DE LA BIENAMADA

Miraba el vacío, oía el silencio,
sentía la nada.
Y si aquí sólo era ausencia
allí es fresca presencia.

 

LXXXIII

Hay allí un lugar
ni de oriente ni de occidente,
entre ayer y mañana.
un centro en todo,
un ahora siempre.

 

DE LA MUERTE

Hay un ver que es sólo ver
y un mirar dentro del ver,
de ese ver que sólo ve.

Pero luego hay otro ver
que es atar y contemplar.
Que comprende lo mirado,
la mirada y al que mira.

Uno es este y aquel ver,
son lo mismo, son lo mismo.

 

DE LA VIDA

Y cuando venga la muerte
me dirá: ya está.
Le diré: ¿ya está?
Y me dirá: ya está.

 

DE LA MUERTE

En la vida nada encuentro
y en la muerte todo añoro.

Mas no hay vida si esta ignora
que es en muerte donde vive,
que es en ella que culmina.

Es por ello que deseo
el vivir mi propia muerte
con los ojos bien abiertos.

Y es que la vida y la muerte,
y también mi bienamada,
Son lo mismo, yo eso creo.

 

DE LA BIENAMADA

Como esa corza entre riscos.
Así es
el arrullo de mi amada.

Como ese loto muy blanco,
en aguas turbias flotando.

Y qué ricas que me saben
esas olivas tan buenas.
Bien les va la hierbabuena.

 

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