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Conversaciones con Vicente Pascual. Entrevista de Santiago Olmo  para el catálogo de la exposición "Obra Dramática" en Torreón Fortea, Zaragoza, 1992.

Obra Dramática

Durante los últimos años 80 el arte y los artistas han hablado utilizando la palabra y no sólo las obras con una profusión sin parangón en épocas anteriores, quizás por una necesidad de precisar y concretar los matices de dobles o múltiples lecturas por los que la producción artística ha discurrido. Lejos de acrecentar el caos al que conducían las propias propuestas artísticas, la palabra del artista con toda la ambigüedad de la que es capaz, ha resituado una interpretación y un debate en los términos reales de la intencionalidad de la obra, matizando la visión del crítico. La palabra a veces ha podido desviar la atención de la obra hacia el discurso, pero ha mostrado a la vez la inseparabilidad -de ahí también su coherencia- entre obra y discurso en el artista contemporáneo.

Una conversación con un artista puede romper el hielo de la comunicación con la obra, impuesto por la tradición de los tópicos y etiquetas a las que cada vez con mayor rigidez se ve sometida la obra por los imperativos de la comunicación. Cuando como en el caso de Vicente Pascual Rodrigo, una temática -el paisaje- y una técnica pictórica de raigambre tradicional confluyen en un estilo, que no es residuo del pasado sino vivencia del presente, afloran en la visión de la crítica los problemas que imponen la dialéctica de la modernidad y la vanguardia creando el terreno abonado para la confusión y la indeterminación.

Las diversas conversaciones mantenidas durante los últimos meses con Vicente Pascual en su estudio de Campanet en Mallorca, me abrieron nuevos caminos de comprensión a una obra cuya complejidad se oculta en una aparente sencillez visual capaz de entablar un primer plano de comunicación muy directa. Fue justamente la complejidad que iba descubriendo la que me convenció de la importancia y de la necesidad de una entrevista o una conversación que introdujera y precisara su trabajo, en donde el propio artista hablara del trasfondo de la obra en los intersticios donde ésta precisamente calla para dejar que acontezca en silencio la contemplación.

El entorno de Campanet, el pueblo donde desde hace años reside y trabaja Vicente Pascual en Mallorca, está constituido por una campiña que empieza a hacerse accidentada y a empinarse por las laderas abruptas y rocosas de la Sierra Tramuntana que a modo de un muro ciclópeo protege de los fuertes vientos, que trae el mar, las zonas de cultivo de la llanura central de la isla (El Plá). El paisaje se recorta en siluetas contorsionadas de las montañas, configurando una imagen en cierto modo atormentada y romántica. Un lugar ideal para un paisajista, podría pensarse. Sin embargo Pascual no es en realidad lo que hoy podemos entender por paisajista, si por ello entendemos al artista que se dedica al genero del paisaje. La confusión y la devaluación de los nombres ha convertido en peligrosamente inoperantes los términnos, las etiquetas y los géneros. Ciertamente Vicente Pascual es un artista concentrado en el paisaje, pero no un pintor de "paisajes" que son tomados del natural, como si de un topógrafo de sensibilidad romántica se tratara, aunque la pintura sea la base técnica. No obstante el paisaje no ha sido el punta de partida de su obra, sino alga así como un punto de llegada desde donde se ha desarrollado una visión y un estilo.

Vicente Pascual: "Una serie de experiencias personales produjeron un cambio de actitud en el modo de encarar el trabajo. Estas experiencias me hicieron tomar distancia y ver los movimientos de la vanguardia oficial como pequeños fenómenos muy limitados en el espacio y en el tiempo. Fue entonces paradójicamente cuando comenzó mi rebeldía y encontré un vehículo de expresión adecuado en el paisaje que me permitía abrir un camino sin seguir los pasos de ningún otro pintor. Desde entonces, y concentrado en el paisaje, mi pintura ha variado tanto que puede decirse que es absolutamente otra. Usted me pregunta por qué no planteo otras posibilidades plásticas. El destino me ha llevado a conocer en profundidad otras posibilidades además de las que ha producido el mundo occidental. Es obvio que habría otros lenguajes con los que podría expresarme sin renunciar a mí mismo, algunos me facilitarían las cosas ya que me acercarían a los modos expresivos hoy habituales. Sin embargo limitar el campo de acción no es sino una intensión. Para mí el paisaje no es limitativo, como no lo son los Iímites del soporte, el paisaje se pone a mi disposición como el lienzo".

Santiago Olmo: Tras la ultima exposición que Vd. presentó en Zaragoza su pintura aparentemente no ha sufrido ninguna variación sustancial aunque se aprecian cambios en la técnica e incluso en la forma de mirar el paisaje.

Vicente Pascual: "Estoy muy satisfecho con la última obra en óleo par su densidad y su intensidad. La utilización del acrílico durante los últimos meses ha aliviado una posible sobresaturación pero no se trata de dos momentos en oposición, todo lo contrario, entre ellos hay una continuidad de planteamientos. Sin embargo ciertos recursos del acrílico han despertado aspectos que estaban en mi obra pero que no se hacían explícitos a través del óleo. Así las variaciones en la luz no vienen dadas par el acrílico sino mas bien propiciadas. Las diferencias de textura se han ido agudizando paulatinamente y ahora la pintura ha tornado una homogeneidad y una fuerza mayor.

Por lo demás la pintura se ha ido desprendiendo de un modo radical y excluyente de cualquier divertimento, literatura o anécdota. Lo accidental sólo cabe en mi obra como contrapunto de lo esencial. Cuando trabajo el público no existe y no acepto concesiones de"modernidad".

Santiago Olmo: En su pintura una de las preguntas clave sería ¿ Qué es moderno y qué no es moderno? Podría pensarse que la apariencia tradicional es un efecto deliberado, incluso un guiño. ¿Hasta que punto no hay esto en su pintura?

Vicente Pascual: "AI principio hubo este guiño, pero en el juego fui descubriendo los valores de aquello de lo que me burlaba y entonces traté de reotorgarle la autenticidad de su valor. De algún modo me situé en el objeto de la burla. En ciertos casos lo estandarizado si era criticable no lo era en su origen, sino por el abuso al que esos lenguajes habían sido sometidos. Por esto dejó de haber guiño y empezó a aparecer mi propia pintura con todos los riesgos que esta actitud supone".

Santiago Olmo: Entonces ¿Tampoco hay una aproximación crítica?

Vicente Pascual: "No. El juego con los tópicos revela que su objeto ha llegado a ser "tópico" a causa de algo fascinante que hay en él, que ha atraído pero que ha sido muy frecuentemente malinterpretado y objeto de abuso superficial. El mar, por ejemplo, se ha pintado tan mal que trabajar en él hoy día significa entrar en contacto con el tópico de las marinas".

Santiago Olmo: De un modo general en su pintura se han vislumbrado remisiones, referencias y relaciones con el paisajismo oriental.

Vicente Pascual: "El artista oriental enmarcaba su trabajo en un modo de hacer establecido, en una actitud previa casi canónica que jugaba un papel de rigor, de discernimiento o de geometría. En mis pinturas el rigor que permite al posterior gozo creador correr en libertad, viene dado por la estructuración geométrica. Quizás sea mi formación occidental la que me lleva a construir mis obras a partir del esqueleto y no directamente del nervio como ellos. El papel que en la pintura oriental desempeña el vació, lo tiene en mi obra la luz. Una luz que en absoluto pretende ser cegadora pero sí viva. Esta luz vibraría con mayor intensidad en los elementos más sutiles.

Como los paisajistas orientales, cuando pinto una montaña no trato de pintar tal montaña, sino la montaña como tal. Es decir, la naturaleza se presenta como vehículo de manifestación de los arquetipos.

El motor del paisaje oriental es el vació y los elementos que en él aparecen tienen la función de subrayar ese vacío que en realidad es plenitud. Otra característica del paisaje oriental es la luz que empapa el conjunto sin plantear el contraste luz-sombra, así como una acentuación de los aspectos de infinitud y de indeterminación; los estados más sutiles y menos solidificados se presentan como los más reales. En cualquier caso no me siento más afín a este arte que al arte textil nómada o al polinesio".

Santiago Olmo: En cierto modo todo esto lleva implícito un uso del símbolo que desde el paisaje pasa a construir una imagen de la naturaleza que revela una actitud hondamente simbólica.

Vicente Pascual: "Un conocido filósofo alemán contemporáneo ha explicado en una de sus obras que el símbolo no es otra cosa que realidad simbolizada, mientras que la alegoría es una imagen que no toca la esencia de lo que trata de expresar. De acuerdo con esto el símbolo tiene un aspecto participativo, no depende de un discurso mental sino que su mensaje es trasmitido y captado con inmediatez a través de una inteligencia más intuitiva, más existencial que mental. La transparencia y la elevación de contenido dará la magnitud de la obra. Viendo una roca a elevada hacia lo alto el hombre de mentalidad simbólica podrá ver en ella la potencia, la victoria ante la inercia. El artista simbólico realza este aspecto destacándolo o combinándolo con otros elementos.

EI artista de mentalidad simbólica no se autocontemplará como interesante y por tanto no se inclinará a centrarse en plasmar tal o cual estado subjetivo, mirará mas al interior. La plasmación o la expresión, el lenguaje utilizado dependerá de la cultura en la que se halle inmerso".

Santiago Olmo: Otra referencia recurrente en su pintura es la del romanticismo alemán, que con su visión de la naturaleza influida par el pensamiento de filósofos como Schelling, que se deslizaban hacia formas
de panteísmo, trazan o esbozan un mundo en el que lo simbólico, par un lado, y lo nostálgico y lo dramático par otro dibujan la naturaleza como centro de todo.

Vicente Pascual: "Creo que fue en Pollença donde hablamos del "Sturm und Drang", que puede entenderse como un deseo par recuperar la intuición en el acto creativo contra un perfeccionismo banal, intransigente y prendado de sí. EI romanticismo miraba hacia dentro pero frecuentemente se redujo a expresiones narcisistas: aquella busqueda originaria de la vida se convirtió en una morbosa autocontemplación. De una búsqueda de las huellas de lo permanente en la naturaleza y en el hombre, se fue limitando a una artificiosa vuelta al pasado o a una lastimosa búsqueda de lo pintoresco y, con demasiada frecuencia, a una enfermiza complacencia en los estados más melancólicos, que es lo que en mayor medida ha quedado del romanticismo.

En relación a mi obra, y los últimos acrílicos en particular, la situaría mas próxima a Turner cuyos trágicos torbellinos insinúan una esperanza.

Algo que me acerca al romanticismo es la acentuación en mi obra última de elementos dramáticos. Pero esto no es consecuencia de una premeditación. Por algún imponderable cíclico esta obra contiene una tensión mas marcada. Siempre me ha interesado la tensión de los opuestos, así como ese punto entre dos mundos que es la muerte. En cualquier caso el drama (o lo dramático del título genérico de esta obra) no es equivalente a desgarro, pues hay muchas maneras de encararlo. La guerra es un drama y el esfuerzo de superación es una guerra, alIí está el drama y quizás si no estuviera arropado por la serenidad sería locura".

Santiago Olmo: Durante las últimas décadas se ha apoderado del mundo del arte el mito del cambio continuo. ¿Para una pintura como la suya en la que el cambio se manifiesta desde y hacia dentro, al contrario de lo que ocurre en otros artistas y movimientos que es hacia afuera, supone esto un estar fuera de las corrientes o a contracorriente?

Vicente Pascual: "Cuando Monet pinta los nenúfares se habían dado ya reacciones al impresionismo, sin embargo conservan toda la vida de sus primeras obras pero acrecentada por la madurez. Hodler, Gauguin, Morandi son casos paralelos. Morandi se une a un movimiento en su juventud que le hace vibrar, pero es sólo en su madurez que se libera de la carga mental que le imponía esta actitud social. El cambio continuo es un prejuicio muy reciente y confunde el campo de la moda con el del arte. La fascinación por lo sorprendente no se había dado hasta hoy en un grado tan desarrollado. Un hombre no puede ser otro distinto cada día, salvo en la locura.

En mi obra los cambios son paulatinos y llevan un hilo conductor, la tensión del cambio se manifiesta en modos de acción pero no en los planteamientos generales en la medida en que los considere válidos. La autocrítica es continua, en este sentido no duermo. En cualquier caso he citado otras veces a Basho cuando dijo: "No sigo a los antiguos, busco lo que ellos buscaron".

Santiago B. Olmo. Esporlas, 1992

Santiago Olmo nació en 1958 en Madrid, donde vive y trabaja. Es curador independiente desde 1986. Entre 1999 y 2002 se ocupó de la coordinación editorial de la revista “Lápiz”, y desde 2004 forma parte del equipo editorial de la revista “Artecontexto”. Comisario de la representación española en la XXIV Bienal de San Pablo en 1998, entre sus exposiciones recientes figuran “Entre líneas” y “Todo-Incluido” (en colaboración con Virginia Pérez-Ratton), y “El viaje inútil”, sobre viajes y turismo. Entre otras, ha realizado las exposiciones retrospectivas de Luis Gordillo, Guillermo Pérez Villalta, Miguel Ángel Campano, Pertenheimer y Leiro entre otros.



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