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Texto de Andrea Pollan para el catálogo
de la exposición Cantus
Absconditus
de Vicente Pascual en
Burton Marinkovich Fine Art, Washington DC, 2005
“I
grow old ... I grow old ...
I shall wear the bottoms of my trousers rolled.
Shall I part my hair behind? Do I dare to eat a peach?
I shall wear white flannel trousers, and walk upon the beach.
I have heard the mermaids singing, each to each.”
T.S. Eliot
Hace muchos
años, durante los últimos ochentas, cuando dentro
del mundo del arte la presentación de trabajos inspirados
por las teorías simulacionistas de Baudrillard se encontraba
en la cresta, yo deambulaba por las galerías de Nueva York
con el artista, amigo y crítico J.W.
Mahoney. Una tarde especialmente sórdida, repleta de
exposiciones de afectadas poses de despiadada ironía le
provocó girarse hacia mí y, tirándose del
pelo, gritó: “¿Es qué ya no pueden
los artistas oír esa música tan dulce que ahí
resuena?”
Escuchar la música interior y mantenerse
al margen en su nostálgica melodía, su ritmo interno
y su elaborada estructura es un acto de decidido desafío
artístico en un mundo de arte contemporáneo que
cada vez está más moldeado por los mercados globales
y por las dinámicas del mundo de la moda. Podría
tratarse de una triste enfermedad de nuestra era postmoderna el
hecho de que nos anestesiemos a nosotros mismos hacia aquellos
ideales poéticos que tan queridos nos fueron. Claro que
podría argumentarse que verdades eternas universalmente
aceptadas son ahora restos disecados, o siniestras ofrendas sacrificiales,
en las mesas de operaciones de los departamentos académicos
de filosofía. Vicente Pascual es uno de aquellos persistentes
artistas iconoclastas que desdeñan las novedades de la
cultura temporal y su insistencia en la constextualización
constante, con sus apoyos autocontemplacientes y su paquete de
trucos estéticos. La era que brotó del post-industrialismo,
y que después se metamorfoseó en la era de la post-información
durante el último siglo, puede caracterizarse por su singular
obsesión por abrazar cualquier cosa que sea nueva. Pero
de hecho, a largo plazo, la práctica del arte no es una
carrera. Y, si lo fuera, recordemos simplemente la historia de
la tortuga y la liebre.
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Lapis Exilii
XIV, 2004.
Técnica mixta sobre lienzo
Díptico 144 x 122cm.
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Las abstracciones geométricas de
Pascual examinan resueltamente verdades universales mediante un
áspero pero sutil lenguaje visual moldeado por formas simbólicas
esencializadas. Su presencia monástica remite a los arquetipos
Platónicos, pese a que Pascual los ha sacado de la cueva
al soporte de un objeto de arte. Él se impone una ascética
serie de parámetros formales que, sin embargo, contienen
una lógica y una gracia tan sobria y tan conmovedora como
el canto Gregoriano. Parte de la fuerza de estos trabajos es que
ellos pueden significar, como un espejo enloquecedor, todo y nada
-cada uno con su propio lirismo único. Profundamente versado
en cuestiones metafísicas, Pascual negocia concienzudamente
la escurridiza danza entre forma y contenido, el poder de dar
forma visual a un concepto inefable. Desde cierto punto de vista,
estos vibrantes rectángulos sobre terrosos soportes estratificados
establecen un plano neoplatónico entre una existencia terrena
y una atemporal, debiendo su linaje teosofista a las pinturas
medievales de iconos. Otro punto de vista podría contemplar
sus cuidadosamente iluminados círculos como señales
luminosas descifrables para un concepto intelectual de la divinidad,
como un saludo a los principios del constructivismo ruso. Una
aproximación formal podría evitar todo significado
humanista, prefiriendo antes sumergirse en la imponente totalidad
perceptiva de la simetría.
Pascual ha dedicado muchos años de
su vida a la investigación de los motivos estéticos
de los pueblos nómadas, las raíces de lo sagrado
y de las tradiciones místicas, y los divergentes argumentos
filosóficos sobre la relación entre el hombre y
la divinidad. En él, estas amplias influencias han alimentado
una búsqueda artística que ha resultado en una expresión
pictórica que conjuga la percepción física
con la transcendencia no-física. Pascual filtra la tierra
calcinada de las mesetas españolas, la pureza umbría
de las estructuras románicas, los hipnóticos entrelazados
de los diseños islámicos, y los pictogramas lineales
de las culturas tribales mediante una alquímica sensibilidad,
reduciendo y esencializando este rico brebaje en objetos de arte
de potente simplicidad. Uno podría llamar piedras filosofales
a estos trabajos. Y del mismo modo que las piedras filosofales
contienen secretos ocultos, disponibles para aquellos con el corazón
puro y abierto, estas pinturas contienen una música oculta
a la disposición de aquellos que se abran a escuchar la
oscura música del interior.
Andrea
Pollan
Washington DC, 2005
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Andrea
Pollan, comisaria independiente y directora de "Curator's
Office" en Washington DC., ha trabajado durante
más de veinte años en el campo de las artes
plásticas publicando numerosas monografías
sobre artistas contemporáneos. Educada en historia
del arte en Yale University, Pollan ha organizado cerca
de un centenar de exposiciones para museos y galerías
privadas.
Enlaces
relacionados:
www.curatorsoffice.com
| www.burtonmarinkovich.com
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