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vicente pascual artwork
Ensayo de William Wroth para el catálogo de la
exposición Simbolos de Vicente Pascual en la Galería Eude, Barcelona, 1998

Nos adentramos en el mundo de los arquetipos cuando contemplamos las pinturas de Vicente Pascual. Los arquetipos, formas atemporales más allá del mundo de las apariencias, pueden ser intuídos por el hombre de carácter metafísico. Hoy los artistas tratan de ser originales y novedosos, frescos e interesantes; sin embargo, la originalidad de Vicente Pascual no proviene de ningún deseo de ella, sino de una ardiente búsqueda del origen de las cosas, de su verdadero significado.

Pero cómo ver lo Invisible, cómo conocer lo Insondable? Pues bien, esta posibilidad existe a través del simbolismo, ya que los símbolos son formas materiales que reproducen los arquetipos en el plano del alma y de los sentidos. Las pinturas de Vicente Pascual se situan en el dominio de las formas en su nivel más fundamental: el movimiento del cosmos, la manifestación de los fenómenos y su reintegración en en su fuente última, un proceso que se repite continuamente en todas las cosas, grandes y pequeñas. De acuerdo con Hermes: "Lo que está abajo es igual a lo de arriba, y lo que está arriba es igual a lo de abajo" Vicente Pascual se interesa por la reciprocidad entre lo de "arriba" y lo de "abajo". El símbolo es a la vez imagen y proceso, el cosmos que se renueva continuamente a sí mismo, la inspiración y la espiración de Brahma que crea y destruye el mundo. Ahora bien, la fórmula hermética concierne tanto al mundo como a la persona, pues los símbolos no son sólo imágenes de realidades invisibles sino que, por encima de todo, son un modo de aproximación a lo sagrado. El hombre es un microcosmos en el que la totalidad del universo y la respiración de Brahma se reflejan. Las obras de Pascual expresan la danza cósmica que simultaneamente tien lugar en el alma humana; están vitalmente comprometidas con nuestros fines últimos.

Llegar a estas pinturas ha sido el trabajo de casi una vida. Vicente Pascual Rodrigo comienza a pintar a finales de los sesenta y en 1976, tras una larga estancia en oriente, descubre los escritos de los filósofos perennialistas, Rene Guenon, Ananda Coomaraswamy y Frithjof Schuon, quienes exponen la idea de que la verdad es una, que es universal y que el arte ha de reflejarla. Esta perspectiva cambia completamente el punto de vista de Pascual de la práctica del arte y en 1992, en los Estados Unidos, comienza a explorar los arquetipos universales ocultos en las formas geométricas, inspirándose para ello en antiguas tradiciones artísticas tales como las islámicas o las del románico, así como en las culturas de Polinesia, de los tuareg y en otras, cuyas expresiones plásticas permanecen impregnadas de simbolismo. La evolución del trabajo de Vicente Pascual podría resumirse parafraseando a Li Liweng: "Antes contemplaba las colinas en la pintura, ahora contemplo la pintura en las colinas".

En este periodo estudia el proceso ideacional de la manifestación tal y como se plasma en el simbolismo del color, de las proporciones y de la geometría; afronta la cuestión de la dualidad fundamental en la manifestación: la oposición polar del yin y del yang, femenino y masculino, a través del cual el mundo y el alma son creados, sustentados y reabsorvidos en la No-dualidad. Lo sagrado es por definición el dominio de lo inexpresable. Aquí faltan las palabras, la mejor aproximación es mediante los símbolos ya que no sólo entrañan una sabiduría conceptual, sino también una irradiación del más allá, una baraka, como dirían los árabes. Los símbolos no son meras ideas abstractas descritas pictóricamente. son formas vivas que, merced a su primordialidad, resuenan en las intuiciones más profundas de nuestro espíritu. Formas simples, color austero y proporciones estrictas; paradójicamente la sobriedad y el rigor favorecen la libertad creativa.

En una visión Black Elk, chamán de los indios siux-oglala, vio el camino rojo que va de norte a sur, "el sendero del bien, por él caminará tu nación", y el camino negro que va de este a oeste, "un sendero de disturbios y de guerra. También por este caminarás, y de él obtendrás el poder para destruir a los enemigos de la gente". Donde los dos caminos se encuentran está el centro; allí florecerá la rama sagrada asegurando la posteridad espiritual del pueblo que forma un círculo, un bucle inenterrumpido, "Miré y vi como un círculo de gentes, en el centro florecía la rama sagrada que era un árbol, y donde se erguía se cruzaban dos senderos, uno rojo y uno negro". El camino negro es una senda ascendente; "Comtempla el círculo de la nación, es sagrado, no tiene fin... Ahora levantarán el campamento y marcharán por el sendero rojo, y tus antepasados andarán con ellos... ¡He aquí una buena nación caminando de un modo sagrado en una buena región!". La obra de Vicente Pascual expresa esta tensión entre los dos camino, el vertical y el horizontal, entre la creación y la reintegración.

William Wroth
Bloomington, Indiana, 1998

William Wroth fue conservador del Taylor Museum del Colorado Springs Fine Arts Center entre 1976 y 1983. Desde entonces a trabajado como comisario independiente en exposiciones para el Taylor Museum, el St. Louis Art Museum, y para otras instituciones. Dr. Wroth es autor y editor de numerosos trabajos sobre arte hispánico y aborigen habiéndo sido editor de estudios sobre estos temas, tales como "Christian Images in Hispanic New Mexico" (1982), "Images of Penance, Images of Mercy: Southwestern Santos in the Late Nineteenth Century" (1991), "The Mexican Sarape: A History" (1999), y "Ute Indian Arts and Culture from Prehistory to the New Millennium" (2000). Actualmente trabaja en la reedición de las obras de Ananda K. Coomaraswamy.


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